Como para que no se vea su designación en la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) como un premio por su papel en las elecciones, su director, general de brigada Juan Brown Pérez, ha esbozado un programa, cuyos resultados están por ver, para enfrentar el pandemonio del tráfico vehicular en la ciudad. Inquieta, de entrada, que su plan esté enfocado a intervenir las principales intersecciones del polígono central y el Gran Santo Domingo.
Es lo que han hecho todos sus antecesores sin conseguir ordenar el tráfico y menos resolver el tenso drama de los tapones. La intervención de los agentes ha resultado, en muchos casos, un remedio peor que la enfermedad. República Dominicana puede ser uno de los escasos países de la región donde agentes sustituyen semáforos para regular el tránsito, pero además con uno de los sistemas de transportes más inseguro, costoso, caótico y peligroso.
Los 2,111 agentes con que cuenta Amet, una exageración, no han sido capaces ni siquiera de regular el servicio de las voladoras y los choferes de concho que se estacionan donde les viene en gana o que se detienen en pleno medio de la calle a recoger o dejar pasajeros. Brown Pérez debería afinar bien su proyecto para mejorar el tráfico.

