La euforia de los egipcios por la caída del dictador Hosni Mubarak puede trocarse en cualquier momento en incertidumbre. La disolución del Parlamento y la suspensión de la Constitución dispuestas por los militares constituyen el primer signo perturbador, que nada bueno presagia. También cunde la inquietud de si la victoria de la calle no será traicionada por la clase política y la injerencia de potencias, sobre todo europeas, que ni siquiera hasta el último momento disimularon su simpatía con la dictadura. Conducida por un vicepresidente que se destacó en la carrera militar y blindada por el Ejército, no se sabe el rumbo que puede tomar la llamada transición. Es obvio que a la nación quedan días difíciles por delante. En lo único que estaban contestes los egipcios era en que no querían a Mubarak en el poder. Lo demás está por verse, sobre todo con las riendas del poder en las manos del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas dirigido por el vicepresidente, el general Omar Suleimán, que ya ha exhibido sus fauces con medidas antidemocráticas. Está más que claro que los egipcios se enfrentan a un futuro político incierto, con todo y que el vacío sea menos traumático que la tragedia que representaba la dictadura de Mubarak.
Campaña en la UASD
En un escenario que se supone dominado por ideas y teorías no ha dejado de sorprender la avalancha de recursos con que ha cerrado el proceso para las elecciones de mañana en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). La interrogante es ¿de dónde ha salido tanto dinero para la costosa ofensiva publicitaria? Hasta el cierre, el proceso se había mantenido dentro de relativos parámetros universitarios, pero la exhibición de recursos se incrementó a medida que se acercaba el conteo regresivo. Lo institucional, que en principio marcó la campaña para escoger el rector de la UASD, ha sido echado a un lado, como si intereses particulares fueran los que estuvieran en juego. Aún así, cabe esperar que en las votaciones de este martes los intereses de la UASD prevalezcan sobre los de grupos y partidos políticos. Decepciona que las ideas y teorías sustentadas en programas quedaran relegadas frente a una avalancha de recursos que no sintoniza con las propuestas académicas.

