Sin doliente
El puente Profesor Juan Bosch, de tanta utilidad para agilizar y descongestionar el tránsito desde y hacia la zona Oriental, al parecer no tiene doliente. La valiosa infraestructura es desmantelada por piezas, a la vista de todos, pero sin que nadie diga siquiera esta boca es mía. En siete años la moderna infraestructura va camino de una ruina por esa cultura de la falta de mantenimiento que caracteriza al sector público. Si en lugar de Juan Bosch llevara otro nombre hace tiempo que hubiera desaparecido. Las luces, instalaciones eléctricas y piezas importantes son robadas por desaprensivos que se transportan en camionetas y diferentes medios. Lo hacen como si contaran con autorización o la estructura fuera de su propiedad. De contar con un mínimo de mantenimiento el puente exhibiera todo su esplendor, porque fue construido con los más elevados criterios de ingeniería.Tal parece que habrá que crear un comité de vigilancia para impedir que se roben lo que queda y hacer menos costosa la restauración a que tendrá que ser sometido.
Controles para todos
La participación de militares en recientes actos delictivos ha vuelto a entonar el estribillo sobre la depuración y controles más estrictos más ingresar a los cuerpos armados.
Pero lo primero que hay que preguntar es si acaso son los militares los únicos empleados públicos envueltos en casos punibles. Por más que se les quiera cargar el dado no se puede ser tan miope.
Como no se habla de todo el sector público, más comprometido en el bochorno que los militares, puede pensarse que detrás de las propuestas se esconde el viejo plan para desacreditar y desmantelar a los institudos armados.
Se ha hablado de exceso de generales y oficiales superiores como si éstos fueran los culpables al autodesignarse los rangos y las funciones. En el coro suele caerse en un simplismo que en verdad deja mucho que desear.
Puede ser verdad que haya un exceso de oficiales, pero también de secretarios y subsecretarios de Estado, embajadores, cónsules, asesores y empleados públicos. No es que la depuración y los controles no sean necesarios, sino que el mal que se atribuye a los militares es propio de toda la administración pública.
Y si el objetivo es adecentar la función pública y no desvertebrar a los militares entonces deben examinarse las causas por las cuales la corrupción, el tráfico de drogas, la violencia y otros males se han incrementado en el país.

