El taller internacional organizado por el Gobierno para evaluar la Iniciativa Participativa Anticorrupción (IPAC) ha coincidido con una intimación al director del Departamento de Persecución de la Corrupción Administrativa (DPCA) para que rinda cuentas de sus actos. El Gobierno informó que 20 de las 30 recomendaciones para enfrentar el flagelo se han cumplido, en tanto las restantes están en proceso. Ahora está por verse si entre estas últimas figura el informe de las investigaciones que reclama el denominado Colectivo Ciudadano Contra la Corrupción al director del DPCA, Hotoniel Bonilla. En la intimación se recuerda que Bonilla dijo que a principios de enero de este año daría a conocer los resultados de las pesquisas sobre escándalos de corrupción detectados en auditorías de la Cámara de Cuentas. Quizás los ministros de la Presidencia, César Pina Toribio, y de Economía, Temístocles Montás, tomen en cuenta el caso de la DPCA. El IPAC se ha presentado como un proyecto innovador, en vista de que estableció un mecanismo para fomentar la transparencia de todas las instituciones. Si es así, no se entiende entonces que la DPCA tenga que ser intimada para que informe las acciones que ha tomado contra la corrupción.
Drama aterrador
La confirmación de 49 muertos torna más aterrador el naufragio de la yola que transportaba más de 70 viajeros a Puerto Rico. Se trata de una tragedia. Más allá de los organizadores, que operan las travesías como cualquier otro negocio, la tragedia tiene otras implicaciones económicas y sociales. Las razones de la odisea expuestas por sobrevivientes son muy reveladoras, lo que indica que la prevención no se reduce única y exclusivamente a una vigilancia más estricta de las costas. Es necesaria para evitar que la gente se juegue la vida sin seguridad de alcanzar la gloria. Conforme a los relatos fue un milagro que pudiera haber algún sobreviviente de la odisea. Para escapar con vida tuvieron que nadar sabrá Dios cuántos kilómetros en las condiciones más adversas, incluyendo un fuerte oleaje. No es la primera gran tragedia ni tampoco será la última. Es necesario que el problema que tanto dolor ha causado se vea, para enfrentarlo, en todo su conjunto. No sólo por parte.

