Página Dos

RADAR

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Si en las elecciones del domingo en Haití se comete un fraude, lo que no descarta el popular rapero Wyclef Jean, la responsabilidad no será ni siquiera de la Organización de Estados Americanos (OEA), que organiza y supervisa los comicios, sino de Estados Unidos. Y todo porque la OEA no hace más que cumplir órdenes de Washington. Ahora ¿no se estará el rapero adelantando a los acontecimientos al atribuir a un fraude una eventual derrota en el balotaje del domingo del también cantante Michel Martelly? Este, que llegó a la segunda vuelta en brazos de la OEA y la comunidad internacional, tiene en la exprimera dama Mirlande Manigat una fuerte rival. Se ha especulado, sin embargo, que Washington recela de las relaciones de Manigat con el presidente venezolano Hugo Chávez. Tras las irregularidades que se habían anticipado en la primera ronda, celebrada el 28 de noviembre, la OEA se ha ocupado de todo lo relativo al montaje de las elecciones del domingo. Y hay quienes dicen que hasta de seleccionar a los candidatos. Con esa presencia y el interés en las votaciones cualquier alteración de la voluntad popular hay que atribuírsela, no al títere, sino al que controla las cuerdas, que no es otro que Estados Unidos.

Nombres usurpados

El doctor Roberto Saladín, embajador dominicano en Washington, es un ciudadano reputado, que ha desempeñado con eficacia y honradez importantes funciones públicas. El empresario Carlos Gómez Pérez es una figura prestante, designado embajador de buena voluntad por las Naciones Unidas (ONU). Los nombres de ambos fueron usurpados por un criollo que, por suerte fue detenido, para engañar, según el fiscal de Nueva York, Cyrus R. Vance, a diferentes personas. Nadie duda de la honradez de Saladín ni de Gómez Pérez, pero había que hacer la aclaración en torno a la usurpación de sus nombres por un dominicano residente en Estados Unidos identificado como Francisco Alberto Gautreaux Calcagno. Este, según el expediente, estafó al senador estatal Adriano Espaillat, uno de los denunciantes, y a un orfanato de La Vega, entre otras víctimas. Para sus fechorías, Gautreaux Calcagno también se hacía pasar como funcionario del consulado de Honduras. Un pechú.

El Nacional

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