La solidaridad con el paciente puede ser la primordial, pero no la única motivación de la peregrinación a La Habana de varios presidentes latinoamericanos para ver a su colega Hugo Chávez. El mensaje de unidad y apoyo está implícito, sobre todo ante la incertidumbre y las presiones que palpitan en Venezuela ante su eventual ausencia definitiva del poder.
En las actuales circunstancias las dos motivaciones son obvias y andan unidas de las manos. Chávez no sólo ha sido el timón de la Revolución Bolivariana, sino una figura de mucha incidencia política en la región. Casi todos los países de la zona agradecen algún gesto del presidente Chávez.
De ahí que su enfermedad haya propiciado el efecto de consolidar la integración de las naciones que forman la Alianza Bolivariana (Alba) como posible alerta ante los acontecimientos que puedan ocurrir en Venezuela ante una ausencia definitiva suya. Los presidentes Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales, José Mujica, Cristina Fernández y Ollanta Humala, así como funcionarios de otros gobiernos no sólo han viajado a La Habana a testimoniar su solidaridad a Chávez, sino que algunos han estado en manifestaciones públicas que se han efectuado en Venezuela. Bien claro.

