Página Dos

RADAR

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Incrementar la presión tributaria como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) es una de las opciones que tiene el Gobierno para salvar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Para equilibrar el Presupuesto, las autoridades no tienen como única salida una reforma fiscal, sino que también pueden racionalizar o austerizar el gasto público. Otra opción sería la del endeudamiento público, pero el FMI tiene esa puerta cerrada como salida al desequilibrio que arrastra el Gobierno. El aumento de los precios del petróleo se la ha puesto más difícil a las autoridades, reduciendo su capacidad de maniobra. Se trata de la segunda ocasión en que las autoridades no pasan la revisión del acuerdo con el FMI. También en esta ocasión el subsidio al sector eléctrico ha sido uno de los factores  que ha trancado el juego.  Los técnicos del organismo internacional dejaron claro que de no abocarse a una reducción del gasto, el Gobierno tendrá que revertir la “disminución preocupante del coeficiente de recaudaciones tributarias” como proporción del PIB. O de otra manera, abocarse a una reforma fiscal. Elevar la tasa impositiva o reajustar la tarifa eléctrica son tragos difíciles de digerir en momentos tan convulsos.

Opinión urticante

El ministro de la Presidencia, César Pina Toribio, no dejó pasar ni siquiera como un consejo de amigo la opinión del embajador de Estados Unidos sobre el respeto a las leyes. Como sabe que el criterio no cayó por gravedad, así como su impacto en medio de la actual coyuntura, Pina Toribio la consideró injerencista. El embajador Raúl Ysaguirre había opinado que la violación de las leyes es un acto negativo para la inversión extranjera. Ni los chinos de Bonao tragan la declaración como una nota al margen, sino como una señal de advertencia a las autoridades. Por tanto, Pina Toribio no se hizo esperar para desautorizar los juicios del diplomático, quien poco a poco toma partido en los asuntos internos. Es censurable que el Gobierno haya reaccionado porque las opiniones no le favorecenDe lo contrario  las exhibirían como un reconocimiento, sin importar en el carácter injerencista.  De todas formas son opiniones para tomar en cuenta, aunque sean injerencistas.

El Nacional

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