El Salón de la Fama del Béisbol Latino se afianza como un nicho de luminarias que han dejado su impronta en las Grandes Ligas. El cuarto ceremonial celebrado el sábado en Altos de Chavón contó con la solemnidad propia de un acontecimiento que reunió a ídolos de la región que se han destacado, como jugadores o propulsores, en la pelota profesional.
Nombres como los de Juan Igor González, Miguel Cuéllar, Octavio Cookies Rojas, Teodoro Higueras, Tony Armas, Mateo Rojas Alou o Tony Fernández, quienes fueron exaltados, son parte del léxico deportivo de sus respectivos países y de la región.
Pero una de las notas más relevantes fue la distinción con el Latino de oro al venezolano Miguel Cabrera, el primero en conquistar la triple corona en Grandes Ligas. Como cantera del béisbol, República Dominicana, Venezuela, Cuba, Puerto Rico, México, Colombia y Panamá tenían que disponer un espacio para reconocer a sus jugadores.
La exaltación corona la entrega al deporte de figuras del ayer y del hoy que han adquirido la categoría de leyendas. Es posible que la ceremonia de Cooperstown no sea tan sentimental como la del Béisbol Latino. Las exaltaciones representan un estímulo para la presente y futuras generaciones.
