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El Instituto de Estabilización de Precios (Inespre) carece de recursos para operar los mercados populares, que durante una época fueron su buque insignia. En los establecimientos, diseminados por todo el país, la gente podía adquirir productos frescos y de calidad a precios competitivos. En tanto esos programas han desaparecido la nómina del Inespre se ha incrementado de forma tal, que  cuenta con 25 subdirectores,  de los cuales hay 14 que no tienen funciones asignadas. Pero aunque el número sea una exageración y haya 14 que bien pueden considerarse botellas, esos subdirectores reciben todos los meses un sueldo de 75,660 pesos, superior incluso al de algunos viceministros. Y el director Ricardo Jacobo, a quien se ha relacionado con otras operaciones que chocan con su función pública, devenga un sueldo de 140 mil cada mes. Pero como si fuera poco, el Inespre cuenta con 1,909 empleados, según la Contraloría General de la República, que representan todos los meses para el erario la friolera de 28.5 millones de pesos. No hay que buscar más explicaciones que el pernicioso clientelismo a una nómina tan abultada en una entidad que ha dejado caer los mercados populares y que prácticamente no cumple ninguna labor social.

Lectura de suceso

El suceso en que un sargento de la Policía mató  ayer de cinco disparos a un teniente de la Fuerza Aérea en Puerto Plata puede servir para analizar la violencia y conflictos entre los hombres de uniforme. Johnny Castillo Lemorin, de 24 años de edad, declaró que  utilizó su arma de fuego tras ser agredido, durante una discusión, por el teniente Santo Guzmán Narciso, de 37. Las circunstancias son extrañas, pues resulta que otros dos cabos (FAD), identificados como Luis Manuel Santana Sánchez y Javier Pinales, y que acompañaban a cada uno de los protagonistas, no tuvieron  participación en el pleito. Lo que alega el victimario es que el teniente, que como él estaba vestido de civil, lo agredió después de ordenarle que se detuviera cuando cruzó en una motocicleta, en compañía del cabo Santana Sánchez,  frente al cuartel de la FAD. El caso amerita no solo de la clásica investigación para establecer la verdad sobre el suceso, sino para analizar el estado emocional de los militares.

El Nacional

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