La interrogante de ¿No le huele a funeraria? que le formuló Mary Peláez Frappier a uno de sus custodias en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva debería motivar siquiera una reflexión de las autoridades en torno al estado de indefensión o inseguridad de quienes enfrentan acusación o han sido involucrados en el expediente Figueroa Agosto. Por lo menos cuatro personas relacionadas con ese caso han sido asesinadas, uno de ella en la cárcel, por lo que la pregunta de Peláez Frappier de ¿No le huele a funeraria? debería llegar a todos los oídos, porque además de una interrogante es también una alarma o una advertencia en torno a lo que se podría estar fraguando contra la integridad física de esa mujer. El olor a funeraria de que habla esa dama se ha expandido desde la avenida Anacaona, a los estacionamientos de un supermercado, una panadería hasta el patio de la cárcel La Victoria. Por algo Mary Peláez preguntó a su escolta ¿No le huele a funeraria?
Cárceles repletas
La Dirección de Prisiones ha anunciado que todos los presos preventivos y condenados del Distrito Nacional serán alojados en la penitenciaría La Victoria, porque en la cárcel Najayo no cabe ni un mandado. La verdad es que las cárceles están superpobladas de presos preventivos, señal de que los procesos penales son cada vez más lentos. El recinto Najayo-Hombres alberga a 3,416 internos, de los cuales sólo 700 están condenados. Para que se tenga una idea de la superpoblación carcelaria, hay que señalar que esa cárcel sólo tiene capacidad para mil 230 reclusos, y hoy alberga a más del doble. La penitenciaría La Victoria también está repleta de internos, con cinco mil 800 inquilinos, aunque parece que todavía resiste el envío de más presos, quizás al colocar uno sobre el otro. Algo hay que hacer para descongestionar las prisiones, ya sea con la agilización de los casos penales o con la construcción de más cárceles. Y saber que afuera conviven más delincuentes que adentro.

