Página Dos

Radar

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La escasez de agua es una realidad que, como tal, demanda abordarla. Por más que se hable y proteste la verdad es que la Corporación del Acueducto y Alcantarillado (CAASD) no está preparada para prevenir ni resolver en forma satisfactoria los efectos de  sequías como la que afecta al país. Los esfuerzos de su director de paliar la crisis con la distribución de camiones y otras medidas son loables, pero insuficientes.

El problema enseña de nuevo la lección sobre la necesidad de racionar el  líquido. Pero también que las autoridades tienen que ser más enérgicas para corregir o evitar las fugas técnicas de un recurso cuya importancia suele medirse durante las crisis. El momento, sin embargo, no es para establecer responsabilidades, sino para enfrentar una situación que golpea con más dureza a los sectores más vulnerables.

Muchas enfermedades suelen derivarse de la escasez en el suministro del líquido. A su esfuerzo para mejorar la estructura, el director de la CAASD, Alejandro Montás, debe agregar medidas para castigar el dispendio. Y hacer que la gente entienda, de una vez y por todas, que el agua que se dispendia durante la abundancia es que la después se necesita en los tiempos de squía. El mismo drama de siempre.

El Nacional

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