Mientras los apagones castigan sin piedad a la población, el vicepresidente de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), Celso Marranzini, ha vuelto a hablar como empresario y no como político al censurar como maligno el subsidio a la energía. En consonancia con dirigentes empresariales, Marranzini favorece que para superar la crisis financiera el servicio sea recibido sólo por el que lo paga. El problema es que el Gobierno no está en eso, pues sabe el precio político que tendría que pagar a través de protestas sociales y quejas permanentes de todos los sectores. Si bien debe ser la tónica, la realidad es que a los costos de producción y comercialización la energía únicamente podría pagarla un puñado de privilegiados. El presidente de la Federación de Asociaciones Industriales, Ignacio Méndez, también consideró que el subsidio no es sólo nocivo, sino que acomoda e impide a las distribuidoras reducir las pérdidas en los cobros. Frente a la crisis en el servicio parece que el conflictivo subsidio se erige como el problema principal para salir del atolladero. ¿No se estará ocultando la raíz de un déficit que, además de agravarse, se ha convertido en una suerte de barril sin fondo? Al menos es lo que muchos piensan.
Violencia en Santiago
Santiago ha vuelto a elevar su voz frente al recrudecimiento de la ola de violencia. La inquietud de los santiagueros contrasta, sin embargo, con las estadísticas del Gobierno sobre la criminalidad y la inseguridad en la población. Asociaciones empresariales, gremios profesionales, iglesias, organizaciones comunitarias y demás coinciden en la necesidad de que se tomen acciones concretas para enfrentar la intranquilidad y la inseguridad de población. Sicariatos, ajustes de cuenta, pleitos de pandillas, asaltos y simple ratería han sido invocados entre los principales signos de perturbación en la zona. El Voluntariado por la Seguridad Pública de Santiago (Voses) se quejó de que la ciudad haya sido abandonada a su suerte con la reducción a su mínima expresión del patrulla y la vigilancia policial. Con los sangrientos sucesos ocurridos en Santiago la preocupación en torno al recrudecimiento de la criminalidad es muy legítima. Debería prestársele atención.

