Página Dos

RADAR

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Los senadores no compensan, ni siquiera en apariencia, los cuantiosos privilegios de que disfrutan. Han engavetado unas 174 iniciativas y la adaptación a la Constitución de alrededor de 150 leyes ahora con el pretexto de dedicarse a tiempo completo a la campaña proselitista. Por todos los beneficios es posible que se trate de uno de los cuerpos legislativos más costosos no sólo de la región, sino del mundo. Los senadores gozan de un fondo social, a través del cual cada uno recibe entre 400 mil y un millón de pesos mensuales;  dos exoneraciones abiertas para importar vehículos, dietas, viáticos, combustibles, gastos de representación, sueldo de lujo y oficinas en sus provincias con 10 y 12 empleados. A pesar de privilegios que irritan en una nación donde el sueldo mensual de un agente del orden no llega a cinco mil pesos mensuales, los congresistas tampoco cumplen con sus funciones. Los ingresos del Senado son para que no haya engavetada una sola iniciativa. Sólo en la aprobación al vapor del Presupuesto para este año y en préstamos la Cámara Alta ha sido eficiente. Y por eso sorprende que entre las iniciativas pendientes haya seis contratos de préstamos. No importa que sean para el desarrollo agrícola, educación inicial y paneles solares en las escuelas.

Cuentas abultadas

Por más que se haya comido y bebido en un restaurante revisar la factura es de rigor. Es una manera de evitar que un buen momento se convierta en pesadilla al pensar que el monto de la cuenta no se corresponde con el consumo. Un buen ejemplo es el de una familia que de no ser por la curiosidad de uno de los comensales hubiera pagado más de tres mil pesos que no había consumido. Y todo por la confusión de un camarero con unas copas que habrían consumido otros clientes. Las excusas no se hicieron esperar, pero de no ser por la curiosidad de uno que decidió revisar la factura a la familia la hubieran tumbado con más de tres mil pesos. Es posible que fuera un error y no una práctica de camareros y cajeros para engordar sus ingresos. Pero con errores  que se dan como mucha frecuencia lo recomendable es cultivar el hábito de revisar la factura, conocida popularmente como “la dolorosa”. Y más duele todavía cuando se cargan cuentas, como ocurrió a la  familia, que no se han consumido.

El Nacional

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