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Radar

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La ejecución de tres personas el miércoles en la noche en el sector Invimosa, Santo Domingo Este, remarca el sello tenebroso impuesto por la criminalidad y la delincuencia. La Policía dice, a manera de simple explicación, que en la acción en que fueron muertos  Auisauri Caraballo Féliz, de 22 años; Daniel Antonio Ceballos Otaño, de 24, y José Luis Bautista Casilla, de 39, se utilizaron armas de diferentes calibre. No son los primeros que mueren en una balacera que residentes en el sector relacionan con un supuesto ajuste de cuentas. Por el horror y la incertidumbre que generan sucesos vinculados a la distribución y consumo de drogas las autoridades no pueden conformarse con simples explicaciones. Tienen que visualizar la letal y nefasta repercusión de la drogadicción en la sociedad y en la familia. Las versiones indican que las tres personas estaban sentadas frente a una casa cuando aparecieron desconocidos que sin mediar palabra comenzaron a dispararles. El terror no tardó en adueñarse del vecindario, en tanto se amplificaba el pánico en la población. La magnitud del caso no es para menos. Se trata de otro  de los muchos signos para que las autoridades entiendan la necesidad de acelerar el Plan de Seguridad Ciudadana.

Linchado asaltante

No se trata de una anécdota el caso del joven linchado por una multitud en Las Caobas, que lo sorprendió cuando trataba de atracar a una muchacha. Ni mucho menos el primero en que airados vecinos ejecutan a un real o supuesto malhechor, tomándose la justicia en sus manos. Los agresores descargaron toda su ira, con saña bestial, contra el joven, a quien golpearon con piedras, bates y otros objetos hasta arrancarle la vida. La indignación no justifica el salvajismo en que incurrieron residentes en el sector Las Caobas y Manoguayabo, aún en el caso de que la víctima fuera un azote. El presunto atracador pudo ser detenido y entregado a la Policía. ¿O es acaso tampoco confían en la justicia? Ahí es posible donde esté la razón de una agresión tan salvaje. La Policía y el Ministerio Público tienen, pues, que revisar su método a fin de crear confianza y evitar que se repitan linchamientos como el ocurrido en Las Caobas. Que no se vaya a buscar la quinta pata al gato.

El Nacional

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