Las autoridades y los candidatos presidenciales deben captar en toda su magnitud el mensaje de los obispos en torno a la jornada de oración que han convocado para el sábado con el propósito de que el electorado concurra a las urnas en formar libre y vote de manera consciente. Eso es que no haya intimidaciones ni el humillante mercado de compra de votos que tanto han enturbiado los procesos electorales. Esas premisas, que deben ser impulsadas por todos los sectores comprometidos con un certamen diáfano, no sólo evitan pesadillas, sino que garantizan que los resultados representen la voluntad del electorado. La jornada de oración puede prestarse a interpretaciones sobre las tensiones y el nerviosismo que perturban el ambiente, pero no deja de constituir un valioso aporte de la Iglesia católica a favor de la paz y el desarrollo de la población. Desde un primer momento los obispos han censurado prácticas humillantes, abogando por una campaña decente y en igualdad de condiciones para que prevalezca el voto consciente. En este último codo del proceso, si algo cabe esperar es que el mensaje de los obispos cale tanto en el electorado como en las autoridades y los candidatos que se disputan la conducción del poder público.
Todos a la calle
La decisión del jefe de la Policía de integrar al patrullaje con motivo de las elecciones a gente sin experiencia, como deportistas, artistas y personal del área administrativa, tiene sus bemoles. La presencia en las calles de esos agentes, entre los que figuran oficiales, clases y alistados, no garantiza una eficiente labor preventiva ni represiva en caso de alteración del orden. Aparte de los militares ¿cuál es la necesidad de incorporar gente sin experiencia a una tarea que puede implicar incluso riesgos? El caso es más llamativo pues se tenía entendido que la integración de cinco mil agentes que habían sido entrenados en los primeros tres meses de este año era más que suficiente para el patrullaje en las calles. El despliegue policial también abre sus interrogantes sobre el orden y la seguridad con motivo de las votaciones. En los últimos procesos no se había visto tanto celo de la Policía y los comandantes de los cuerpos castrenses.

