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El embadurnamiento con graffiti de una tarja del patricio Juan Pablo Duarte, en Santiago, es una despreciable muestra de degeneración social. Se trata de un vulgar atentado a los sentimientos patrióticos que debe llamar la atención de las autoridades y de todos los sectores sociales. No respetar una imagen sagrada como un monumento a Duarte es un acto que alerta sobre el abismo que trilla la nación. La escultura embadurnada  está en zona céntrica y frecuentada como  la avenida Estrella Sahdalá con Juan Pablo Duarte. Nada, como no sea la quiebra de valores éticos y sociales, justifica el atentado  contra el monumento para honrar a uno de los tres padres de la Patria. No importa que el mensaje escrito sea un llamado a su veneración, que no es el caso. Antes que ensuciarla debería cuidarse y respetarse en homenaje al sacrificio del fundador de la nacionalidad dominicana. Pero lamentablemente se ha llegado a un grado tal de descomposición que ni los símbolos patrios están exentos del vandalismo. El monumento que ha sido profanado es el mismo que en el aniversario de su nacimiento o en fechas patrias es reverenciado con los más solemnes discursos. Tratándose de Duarte el atentado no se puede ver como un caso pasajero o aislado.

Restos y diócesis

Todavía no se ha oficializado el destino de los restos del Almirante, aunque todos los indicios son de que descansan en República Dominicana, cuando se abre otra sobre la instalación de la primera diócesis en el Nuevo Mundo. El vicario de cultura de la arquiodécesis de San Juan, Puerto Rico, monseñor Efraín Rodríguez, ha iniciado el debate con la polémica afirmación de que  el mérito es para esa isla y no para Santo Domingo. El religioso, que está al frente de un equipo de investigación que estudia todo lo relacionado con la evangelización de América, explicó que la designación del primer obispo que dirigió el cristianismo en la región la hizo el papa Julio II, en 1508. Identificó como Alonso Manso al primer obispo que se estableció en Puerto Rico, tres años antes que en Santo Domingo. Los dominicanos siempre han reivindicado su condición de cuna de la evangelación de América, pero el vicario boricua introduce una nueva tesis, tan polémica como los restos del Almirante.

El Nacional

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