Editorial

Reacción suspicaz

Reacción suspicaz

El depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya volvió a exhibir otra prueba de valor al desafiar al gorilismo, sin garantía de su seguridad física, con el intento de retornar a su país a través de la frontera con Nicaragua para recuperar el poder. Ya lo había tratado por vía aérea, no como gesto simbólico, sino consciente de que, por el curso de los acontecimientos, no se puede sentar a esperar una solución negociada. Y sabrá Dios en cuáles condiciones.

  Al censurar acremente y calificar de imprudente la decisión de Zelaya, Estados Unidos,  si bien ha condenado el golpe del 28 de junio, exhibe una actitud por lo menos suspicaz. Antes que exigir la inmediata restauración del orden institucional Washington insiste en un arreglo.

“Con el intento de regresar a su país el depuesto presidente hondureño no contribuye a restaurar el orden democrático y constitucional”, opinó la canciller Hillary Clinton. Su criterio es que Zelaya se siente a esperar que el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, pueda persuadir a los militares para que devuelvan el poder usurpado.

Esa posición sugiere que Washington trata de ganar tiempo para un eventual retorno  de Zelaya, pero con los brazos atados o como rehén de los golpistas. ¿Con quién cuentan estos señores para el desafío y su bravuconada? No hay que dar muchas vueltas para ver las narices del Tío Sam.

Pero Zelaya sabe que si se sienta a esperar jamás recuperaría el poder que le arrebataron a través del siniestro y deplorable golpe que lo envió al exilio.

Tiene que arriesgarse con acciones como la protagonizada el viernes a través de Nicaragua. Lo peor que puede ocurrir es que lo maten, pero entonces se convertiría en un mártir por la democracia.

Al entrar a Honduras los militares pudieron detenerlo, como advirtió el golpista Roberto Micheletti, pero no se atrevieron. Les cogieron miedo a las repercusiones. Ahora más que nunca, Zelaya  debe contar con el respaldo de las naciones y los partidos democráticos por el coraje que ha demostrado para defender al electorado que lo llevó al poder.

El Nacional

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