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Rectas duras y pegadas

Rectas duras y pegadas

La euforia y el triunfalismo que refleja el fanatismo alrededor de la selección nacional de adultos de baloncesto, que actualmente participa en el torneo Preolímpico que se desarrolla en la ciudad de Mar de Plata, Argentina, amerita de un análisis reprovisto de parcialidad.

Hace apenas dos semanas le dediqué este espacio al proyecto que encabeza el empresario Eduardo Najri, por entender que es lo mejor que le ha podido pasar a nuestro equipo nacional en estos momentos de cara al futuro, no inmediato, para buscar colocarse en un nivel mundialista sustentado en la calidad de una camada de jugadores forjados en la escuela norteamericana.

Pero la realidad es otra y hay que expresarla, duélale a quien le duela y a sabiendas de que habrá personas que siempre estarán de acuerdo con todo cuanto pase alrededor del colectivo por el grado de compromiso contraído.

Por lo visto hasta el momento el equipo como un proyecto que apenas comienza cumple con su cometido; un dirigente del nivel técnico y la cotización de John Calipatti, acompañado por un cuerpo de asistentes de luxe integrado por Del Harris, Rod Stricikland, Orlando Antigua y Luis Felipe López, para manejar el mejor material disponible con que cuenta el país en los momentos actuales.

Pero a pesar de la euforia que han causado las victorias en el preolímpico hay que reconocer que el equipo dominicano no ha mostrando un juego depurado y esquemático en la parte ofensiva, más bien es más de lo mismo, un ataque soportado en las habilidades individuales de cada jugador, lo que muestra con claridad meridiana el bajo nivel de juego de dos de las  piezas fundamentales en que se sustenta el plantel: Charlie Villanueva y Francisco García.

En el enfrentamiento con Puerto Rico se evidenció lo lejos que estamos aun de un nivel mundialista, que es imposible jugar contra los mejores del planeta sin contar con jugadores capaces de hacer daño en la periferia, pongamos los pies en la tierra, no hay un auténtico tirador de larga distancia mientras que los boricuas cuentan con ocho o más jugadores capaces de anotar desde esa área.

El sentimiento de protagonismo, el ego enraizado del jugador dominicano de la actualidad, le impide sacrificarse a la hora de hacer ofensiva, aun haya un compañero abierto ante su vista no se produce el pase porque “yo quiero brillar”, en franco contraste con la conciencia de juego y dominio de los fundamentos de auténticas estrellas del pasado de la talla de Hugo Cabrera, Antonio -Chicho- Sibilio, Vinicio Muñoz e Iván Mieses para sólo citar a grandes encestadores.

Como proyecto vamos muy bien, pero la realidad es otra… aterricemos.

El Nacional

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