La catastrófica situación de Haití luego del terremoto, ha sacado de circulación temas puntuales de la vida dominicana.
Creemos que no debería ser así, sino que, si bien debemos continuar con nuestra cooperación a favor de la rehabilitación de Haití, no debemos dejar de lado nuestras propias crisis. El tema de la energía, por ejemplo, continúa con plena vigencia, especialmente ahora que el presidente Chávez ha dado marcha atrás a su deseo de comprar nuestra Refinería.
Hemos visto que en el poco tiempo que lleva en el cargo, el vicepresidente de la CDEEE, Celso Marranzini, trabaja a tiempo completo en imprimir un mayor dinamismo para recuperar el sector eléctrico, pagándoles a los generadores y ocupándose de constatar el estado de nuestras hidroeléctricas. Consideramos que es de alta prioridad la restauración definitiva de la segunda turbina de la presa de Jagüey, averiada por las tormentas del año antepasado. Esa reparación debe hacerse de tal modo que permita su operación durante toda su vida útil, aún se produzcan tormentas que pudieran afectarla.
Nos preocupa que voces con conocimientos de hidroeléctrica traten de influir en el ánimo colectivo para que no se construyan nuevas obras de generación con recursos renovables, bajo el supuesto de que en todas ha imperado la corrupción y la falta de conocimientos tecnológicos. La respuesta es muy sencilla: países como Estados Unidos, China y Brasil, y otros, continúan sacándole provecho al recurso agua, con lo que han logrado expandir su desarrollo sin tener que incurrir en gastos extraordinarios por consumo de petróleo.
La República Dominicana no tiene petróleo ni carbón. Es hasta cierto punto horroroso pensar de que repente países amigos que nos venden petróleo corten sus suministros, por irritamiento político o por una sensibilidad nacionalista contraria a la solidaridad internacional. En consecuencia, estamos obligados a mantener los planes para obtener energía del agua y de todos los recursos renovables.
Esto no quiere decir que en este momento no se puedan poner en marcha proyectos que, en un momento de emergencia, puedan suplir energía con el uso de plantas de carbón, sobre todo, por ser más económicas y a sabiendas de que existen tecnologías para evitar la contaminación en gran medida, como por ejemplo en Europa y otros países del continente.

