Opinión

Reforma y pobreza

Reforma y pobreza

Si en algo creo que estamos de acuerdo todos los dominicanos, ya en edad de discernir en lo referente a que sería lo más conveniente para nuestra nación, en medio de esta crisis que nos arropa con fuerza, es que nuestra hermosa isla necesita con urgencia una reforma fiscal. Esa es la verdad, puesto que no podemos engañarnos. Sin estabilidad económica no puede existir paz social. De modo que dejémonos de tonterías. No comencemos con el fastidio de la politiquería y de otros pretextos que no conducen a nada.

   A veces, de manera transitoria, algunas de nuestras fortalezas se convierten en debilidades.

   Naturalmente que no quisiéramos que así fuese, pero causas externas suelen imponerles directrices a los llamados países del tercer mundo.

   Y la pura realidad es que nosotros somos un país pobre, en vía de desarrollo, que lamentablemente no producimos petróleo y que mantenemos un sistema eléctrico en riesgo a pesar de que vivimos en el siglo veintiuno.

   Significa que obligatoriamente tenemos que comprar el petróleo y, además, vivir unos cuantos años más sabiendo que nuestro sistema eléctrico es crítico. Y si encima de eso nos encontramos con una crisis financiera global y con un cambio climático actuando desgraciadamente sobre las naciones que menos recursos poseen para enfrentar a estos verdaderos engendros del mal, entonces sí que deberíamos de estar orando todos los días por nuestro país.

   Como nación soberana y democrática es mucho lo que hemos avanzado; pero necesitamos hacer más esfuerzo para que la modernidad no nos cierre sus puertas.

   El momento requiere de mucha reflexión. Preguntarnos, por ejemplo, ¿hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar con tal de que nuestro país no sucumba ante la azarosa crisis prolongada que despiadadamente nos ataca?

   El sacrificio tiene que ser individual y colectivo. De todos los estamentos de la sociedad. Todos estamos obligados a ceder un poco de lo que tenemos. O lo hacemos ahora, o retrocedemos a un ritmo inimaginable para perjuicio de nuestro bendecido país.

El Nacional

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