Editorial

Reír o llorar

Reír o llorar

De no estar el país curado de sorpresas tendría bastante motivos para alarmarse con la insólita confesión del secretario de Hacienda sobre las precariedades financieras del Gobierno. El colapso ha alcanzado niveles tan inquietantes que, según el licenciado Vicente Bengoa, la nómina de noviembre pudo pagarse gracias a los desembolsos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

 Pero más grave aún es que de no ser por el acuerdo, gracias al cual en las últimas horas se recibieron desembolsos de dos préstamos por 600 millones de dólares, el Gobierno no hubiera podido pagar la nómina de este mes ni tampoco la regalía pascual.

El desenfado con que el funcionario planteó el drama financiero puede ser tanto para reír como para llorar. Es preocupante que se  trate de préstamos para equilibrio presupuestario y no propiamente para obras de infraestructura.

Sin embargo, el Gobierno, que atribuye el déficit única y exclusivamente a la caída de las recaudaciones como resultado de la crisis internacional, no acaba de aprender la lección. Si el Presupuesto de este año tuvo que ser financiado con créditos externos, el del año que viene presenta la misma situación.

Al dar cuenta de que los préstamos del FMI, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial salvaron al Gobierno de una encrucijada, al funcionario sólo le faltó felicitar a las entidades por su oportuna asistencia. Pero no se puede olvidar que se trata de préstamos con condiciones que tendrán que cumplirse.

Lo más triste de todo es que, pese a los nubarrones que ensombrecían el horizonte, el Gobierno jamás entendió la necesidad de austerizar el gasto público. Más bien optó por aferrarse al alarmante endeudamiento externo que hoy preocupa a los sectores más sensatos de la población

Si se llegó a noviembre con un balance en rojo y deuda con las siete mil vírgenes, los apuros, que pudieron afrontarse gracias al convenio con el Fondo, son una clarísima advertencia a las autoridades sobre la necesidad de revisar sus gastos administrativos.

El Nacional

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