L’AQUILA, Italia, AFP.- Las réplicas del terremoto en Italia provocaron pánico este jueves entre los miles de damnificados instalados en campamentos provisionales, mientras se preparaban funerales de Estado el Viernes Santo para las 278 víctimas halladas hasta ahora.
La tierra siguió temblando cuatro días después del sismo que devastó la región de Abruzos, agravando la tragedia de las cerca de 28.000 personas que quedaron sin hogar.
Varios sismos, uno de ellos de magnitud 5,2 en la escala de Richter, aterrorizaron durante la niche a los habitantes de L’Aquila, una ciudad arrasada por el movimiento telúrico.
Volver a escuchar el crujir de las piedras, el temblor de las mesas y el chirriar de los objetos hizo revivir el horror del lunes, cuando los 60.000 habitantes de L’Aquila se vieron obligados a dejar la ciudad tras el derrumbe de casi todo el casco histórico, así como del principal hospital y de la prefectura.
Las condiciones de vida en los campamentos son difíciles, no hay agua caliente, los apagones son constantes y los baños químicos insuficientes.
Las sacudidas se han sentido inclusive en Roma, a 100 kilómetros de distancia.
Durante la noche, los socorristas anunciaron que habían recuperado otros dos cadáveres en la Casa de los Estudiantes, un edificio nuevo, que se derrumbó como un castillo de naipes la trágica madrugada del lunes.
Las esperanzas de encontrar a alguien más con vida bajo la ciudad devastada disminuyen de hora en hora, aunque las autoridades autorizaron la búsqueda hasta el domingo de Resurrección.
Entre 20 y 30 personas siguen desaparecidas y el número de heridos llega a 1.170, con 179 en estado grave, de acuerdo con los carabineros.
«La gente está traumatizada, los niños (…) sufrieron una emoción fuerte, pero juegan y pueden olvidar todo. Los ancianos son los que más necesitan ayuda», asegura a la AFP Nicola Todisco, mimo especializado en dar alivio a los enfermos. Vestido como un payaso, con un delantal a rayas, Todisco trabaja incansablemente en un campamento con 400 personas para intentar arrancar una sonrisa a los sobrevivientes. Más allá, varios franciscanos oran en una capilla improvisada, junto a parientes de los fallecidos.
Las dos primeras víctimas del sismo fueron enterradas el miércoles, una en la región afectada por el terremoto y la otra en la zona vecina de Molise.
El presidente de la República, Giorgio Napolitano, visitó en la mañana L’Aquila y se recogió en silencio ante los féretros color blanco de una decena de niños rodeado por un grupo de jóvenes scouts.
Napolitano visitó también la ciudad emblema de la devastación, Onna, que quedó borrada de la faz tierra y que perdió 40 de sus 400 habitantes, entre ellas una argentina con su bebé de cinco meses.
«La situación aquí es impresionante, el miedo y la incertidumbre reinan», declaró a la AFP el sacerdote colombiano William Franco, párroco de Paganica, otras de las poblaciones más afectadas, cuya iglesia perdió el campanario y un ala.
Gracias a una dispensa papal, los funerales de Estado serán celebrados en L’Aquila el Viernes Santo, que conmemora la pasión de Cristo. La ceremonia, organizada en un cuartel de la Guardia Financiera a 6 kilómetros de L’Aquila, será presidida por el número dos del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone. Italia decretó ese día el luto nacional.
El papa Benedicto XVI anunció el miércoles que «apenas sea posible» visitará la región, donde todavía trabajan unos 8.500 socorristas.
El jefe de gobierno italiano, Silvio Berlusconi, que todos los días se ha traslado a la zona, anunció un imponente plan de reconstrucción dividido en 100 proyectos a cargo de 102 provincias.
Según estimaciones del gobierno, serán necesarios al menos 1.300 millones de euros para la reconstrucción, que durará probablemente varios años.

