La decisión, anunciada el viernes del gobierno haitiano de garantizar la seguridad de los camiones y camioneros dominicanos que transportan mercancías hacia Haití, es un triunfo para la República Dominicana y una muestra de la incapacidad de la oligarquía que gobierna ese país de garantizar no sólo el abastecimiento de su población, sino el mismo propio y de los inversionistas extranjeros que se han arriesgado a llevar sus capitales allí, de acuerdo a la opinión de diversos observadores.
Se ha indicado que la decisión de la Federación Dominicana del Transporte Dominicano (Fenatrado) de bloquear, hace cerca de cinco semanas el ingreso de sus unidades a Haití, desde cualquier punto de vista, no fue más que otra de las muchas decisiones unilaterales que ha adoptado esa entidad.
Sin embargo, se presume que una decisión de esa magnitud no fue posible que Fenatrado la hiciese en forma unilateral, sin “ningún” tipo de apoyo del Estado dominicano, que políticamente era el más beneficiado por diversas razones.
Una de ellas fue que echó por tierra los charlatanes argumentos que con frecuencia levantaban las autoridades haitianas indicando que prohibían el ingreso de alimentos y otros productos a su territorio debido a que no cumplían con normas sanitarias internacionales así como principios de respeto al medio ambiente.
De acuerdo a las opiniones recogidas, el ingreso de pollos, huevos y otros alimentos apenas representa el 15 por ciento de las exportaciones dominicanas hacia Haití, siendo el restante 85 por ciento materias primas y mercancías terminadas dirigidas a los sectores comerciales, industriales, ONG e instituciones diplomáticas cuyo nivel de vida, dentro de Haití dista mucho del que tiene la mayor parte de la población.
Por ello, se entiende que el comercio dominicano con Haití no podía ser juzgado a partir de los “mercados binacionales” que cada semana se realizan en algunas localidades de la frontera común, sino teniendo como referencia al gran tráfico que representaba el cruce de más de 150 patanas todos los días llevando mercancías hacia Haití.
Se dijo que fue por ello que Blas Peralta, líder de Fenatrado y sus “asesores”, entendieron que era por ahí por donde había que dar, por la cabeza de la culebra y el bloqueo del cruce de patanas por más de un mes dio sus resultados, que el gobierno de Haití, presionado por su oligarquía y demás sectores desabastecidos, dejara de un lado su estúpida arrogancia y se comprometiera a garantizar el tráfico de mercancías, como siempre ha estado en capacidad de hacer, pero con el fin de siempre seguir presentándose como víctima, nunca asumió.
Se entiende que Fenatrado y sus “asesores”, que sabían a quiénes era dirigido ese gran volumen de mercancías, actuaron en forma inteligente, ya que su decisión “fue propia”, no del Gobierno dominicano y la reacción que se esperaba era la de los “afectados reales en Haití”, que no eran otros que los dueños de las mercancías varadas en la frontera.
Como se ve, se ha observado, ya los dominicanos tienen un ejemplo bien grande de a dónde es que se debe llevar el mensaje para que los gobernantes haitianos, se comprometan con una retórica real de diálogo, teniendo el tema económico como fundamental.

