El gran postulado de Napoleón Bonaparte se impone hoy y a San Cristóbal: Los pueblos se salvan de todos sus reveses, excepto de aquel en que consienten su oprobio.
El título de este artículo fue sugerido por el distinguido amigo y culto periodista Rafy Miliano, en el cementerio de Sainaguá, en el sepelio del honesto empresario Luis Espinal, cuando el titán y compadre Carlos Corporán y el programa El Sensor de la Tarde transmitió desde allí por vez primera el panegírico que pronunciamos en honor al también queridísimo amigo.
Al frente de dicho camposanto, un bar irrespetuoso, mientras leíamos, mantenía con volumen estrepitoso esa música de ahora, con la tristeza de que hubo romper el ataúd para que los ladrones no sustrajeran y vendieran sus piezas. ¡Oh sacrilegio!
San Cristóbal está viviendo una época de barbarie y caos, donde se irrespeta casi todo, no existe seguridad ciudadana, y ojalá el amigo ministro de Interior y Policía, el doctor Fadul, envíe a mi pueblo el valioso programa de Seguridad Ciudadana o Barrio Seguro, que San Cristóbal le sabe agradecer.
Jamás San Cristóbal es el de ayer, pues su historia ha cambiado con tanta violencia y comportamiento de muchas personas, incluyendo algunos jóvenes, no todos, y ojalá transformen ciertas actitudes por el bienestar de ellos y de la comunidad. La mayoría de nuestra juventud es digna, cada hora y día se observa la problemática en la Cuna de la Constitución y hay pocas esperanzas de superar esa crisis social, donde la metamorfosis de tantos se pueda convertir mañana en un bumerán, si no se rectifica sin pérdida de tiempo.
Tenemos demasiados transgresores de la ley en este pueblo glorioso y fecundo, digno de mejor gente. Aquí han fallecido muchas personas a consecuencia de no poder dormir, descansar y reposar en sus hogares, y tenemos enfermos y casos dolorosos, aunque existen sentencias y órdenes municipales, como lo es el de la brillante y destacada familia Matos Nina, con 48 años de lucha por su paz. La profesora Gracita Barinas, la excelsa profesora Solange Barinas, el médico científico Celito García, y vecindarios, y el parque frente a la iglesia parroquial y también aledañas, personas que suelen mudarse ante esta barbarie.
Rescatemos a San Cristóbal, pues de lo contrario la destruirán esos trágicos fenómenos.
Como la verdad en todas partes lo es, refería Acevedo, sin pasión, destacamos los esfuerzo, trabajo, lucha y avatares que vienen realizando la talentosa y esforzada doctora Francia Calderón, procuradora general de Medio Ambiente, el brillante coronel inspector de AMET Oscar Tejada Báez, sus hombres y mujeres, el fiscal Faustino Pulinario, algunos esforzados miembros de la comandancia policial, el valiente doctor Pacholi Nina Díez, prestigiosos y religiosos ciudadanos a quienes sí les duele y sufren el deterioro del pueblo de San Cristóbal; pero a estas instituciones del Estado les hace falta personal, recursos, vehículos y otros elementos logísticos para continuar su valiosa obra a favor del sosiego y la quietud ¡Salvemos a San Cristóbal! ¡Unámonos!

