Editorial

Retorno a la sensatez

Retorno a la sensatez

La renuncia de la Federación de Colegios Privados a la pretensión de obligar a las familias a pagar por adelantado  el año escolar de sus hijos constituye una  vuelta a la sensatez extraviada.

 Esa institución también desistió del propósito de insertar como clientes morosos  en los burós de créditos a padres y tutores que incumplan la compulsiva e ilegal  forma de cobro.

Ante ese cambio de actitud, el secretario de Educación, licenciado Melanio Paredes, se ha comprometido a gestionar  respaldo del Gobierno para lograr que los colegios privados  reduzcan sus costos de operación.

 Pretender obligar al pago por adelantado de un año lectivo, constituye una violación a normas  legales  sobre contratos o retribución por servicio prestado.

Aun cuando  el contrato refleja en principio la voluntad de las partes, su  alteración unilateral  permite al afectado recurrir a vías de derecho señaladas en los códigos civil y comercial, para sustentar el principio de que sólo se retribuye  el servicio que se ha prestado y no  el que se promete  prestar.

Hay que imaginarse lo que sucedería si las prestadoras de servicios de agua, luz y teléfono,  resuelven obligar a sus clientes al pago de un año por adelantado, bajo el pretexto de  evitar que  abandonen sus obligaciones de pago a mitad de tiempo.

La ley establece  claramente los recursos de que dispone un acreedor para  cobrar una deuda,  sin que en ningún modo   señale forma preventiva como el cobro de un año por adelantado, más aun si se trata de un servicio público y de interés social como la educación.

 El contrato representa la voluntad  entre las partes, por lo que no debe reflejar vicios de consentimiento, como sería la obligatoriedad de cubrir en un solo pago la matrícula anual en  centros educativos privados.

Todo aquel que inscriba  sus hijos en colegios privados está obligado a pagar las mensualidades en los plazos previstos o abstenerse a  penalidades  que la ley prevé en perjuicio del moroso. La otra solución sería inscribir sus vástagos en escuelas públicas.

El Nacional

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