Opinión

Retrato de un tirano

Retrato de un tirano

Él mismo se tiene como el más diestro de los  engañadores. Para asumir el papel supremo basta con mostrarse, a toda costa, claro, sereno y sutil. Se esconde detrás de las más sosegadas formas amables y sencillas, pero lleva, consciente,  la máscara de  la decadencia, reflejada en el afán de anteponer la prosperidad material a los valores espirituales.

Lo ha contagiado todo con su estilo y conducta, promoviendo la hipocresía y la obediencia ciega con tendencias anárquicas, a punto de caer en la más sórdida perversión de los valores morales y culturales.  Dice una cosa y hace otra. Un monstrum in amino es ya un peligro general.

 Impulsos tiránicos cuyas fuerzas deben ser enfrentadas de igual forma,  más vigorosas aún, para descubrirlo. Erradicarlo, más bien.

Hace provecho de las debilidades de los poderosos para exaltarse. Sabe corromper el gusto burgués de esta clase, poco cultivada en asuntos políticos. Es obvio, entonces, que se haya involucrado y acostumbrado a sus deleites, llegando a competir con ellos. Costosa equivocación que los días por venir revelan con tristeza. Sorprende que estos sectores desconozcan u olviden este fenómeno, tan recurrente en todas partes y en diferentes épocas.

Conociendo sus propias limitaciones, se explaya en una dialéctica que, aun carente de poesía, le da resultado. A falta de las armas, es  la forma cómo preponderaran quienes la razón y fortuna no les sonrieron al nacer.

El Nacional

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