RÍO DE JANEIRO, AFP. Los habitantes de Rio, los “cariocas”, no precisan de los Juegos Olímpicos y sus flamantes estadios para probar al mundo su estatus de capital del deporte mundial. Día y noche, invierno o verano, se apropian de sus playas, parques y montañas para rendir culto al ejercicio físico, al cuerpo y la diversión.
Son miles los que se levantan de madrugada para remar o practicar stand up paddle (remo de pie) en la bahía de Guanabara, nadar en grupo en el mar de Copacabana, escalar con cuerdas el Pan de Azúcar o subir en bicicleta a la selva de Tijuca.
Otros tantos toman clases de beach tenis, surf o boxeo en las playas de Ipanema o Barra antes de ir al trabajo.
A las dos o tres de la madrugada es común ver a decenas de empleados de hoteles y restaurantes jugando al fútbol en las canchas frente a la playa de Flamengo, luego de una larga jornada de trabajo.
Es el lado saludable y a veces hasta fanático de un país donde la obesidad crece y donde más del 52% de la población tiene exceso de peso.

