POR Juan TH
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Lo conocí siendo estudiante del liceo Juan Pablo Duarte. Era dirigente de la Unión de Estudiantes Revolucionarios y militante de izquierda. Luego pasó a la UASD. Lo recuerdo como ahora. Después del proceso de unificación de una parte de la izquierda agrupada en la Estructura Unificada Pro Partido de los Trabajadores Dominicanos, dejé de verlo. Yo me fui un tiempo a Barahona donde la vida se me hizo pesada y triste.
Las noticias sobre su vida me llegaban a través de amigos comunes. Me enteré de que, igual que yo, había abandonado la militancia de izquierda, y de que formaba parte del Partido de la Liberación Dominicana atraído por las ideas de Juan Bosch. Asumía sus ideas con arrojo, sin importarle que su integridad física estuviera en riesgo. Miedo no ha tenido.
Su llegada a la Junta Central Electoral se discutió en mi casa una noche en mi fiesta de cumpleaños. Quienes festejaban, coincidían en que, a pesar de ser dirigente del PLD, era capaz y honesto, que no se prestaría a ningún acto fuera de la ley. Y así ha sido. Cuando le informaron al entonces presidente Hipólito Mejía que el PLD estaba proponiendo al doctor Roberto Rosario, cuando se le habló de sus condiciones morales, lo aceptó. Roberto Rosario, como presidente de la Cámara Administrativa de la JCE ha realizado una labor encomiable. Es de los primeros en llegar y de los últimos en irse. Llega a su casa en las madrugadas. Y se deja caer en la cama hasta con la ropa puesta. La doctora Belkis, su esposa, al igual que sus hijas, se sienten abandonadas, con justa razón. Tanto trabajar, tantos desvelos, tantas energías, tanto empeño por hacerlo bien, por actuar como manda la ley para que un buen día alguien, por la razón que sea, por envidia, por rabia, por mediocridad, por celos, por protagonismo pequeño burgués o por lo que sea, va a los medios de comunicación y lo difama impunemente sin aportar un solo elemento probatorio. Y se pregunta, ¿valdrá la pena? Hace unos días me dijo: Estoy harto, esto me está afectando emocionalmente, está dañando la salud. Cualquiera lo deja todo y se larga.
Le respondí: No de derrumbes ni te dejes amedrentar de los cobardes ni de los mediocres que se ocultan tras una sombra de honestidad que nunca han tenido. Sigue hacia delante, que el país te necesita.
Roberto Rosario es un buen ser humano, noble, leal, solidario, de mucha sensibilidad social; no es un corrupto, ni un sinvergüenza come cheque de los que abundan en el Estado. Lo conozco hace más de 30 años. Es mi amigo, mas no lo defiendo por eso, lo hago por justicia.

