El próximo 16 de noviembre, los sectores democráticos tienen una preciosa y magnífica oportunidad moral para reivindicar a un íntegro mártir de las libertades nacionales.
Ese día, los defensores de la memoria histórica, deben resaltar el papel de Rufino Antonio de la Cruz Disla. Rufino fue asesinado junto a las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal cuando sanguinarios de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo, el 26 de noviembre del 1960, en La Cumbre, Puerto Plata.
Esos asesinatos incidieron notablemente para enervar al pueblo dominicano, marcando el inicio del final de esa sangrienta dictadura. No obstante su decidida participación en las luchas contra Trujillo, sectores elitistas salcedenses no terminan de aceptar que era más que “un simple chofer de un jeep” en la historia nacional.
No se resalta su combate al régimen de esa época y se menosprecia el valor y entrega a la causa anti trujillista. Se sabe que Rufino estuvo acompañando a las Tres Mariposas por mandato del Movimiento 14 de Junio, organización a la que estaba afiliado.
Su discriminación empezó cuando ni siquiera se permitió que su cadáver fuera velado junto a los de ellas, a pesar de ser compañeros de infortunio.
Desde ese trágico acontecimiento, los familiares del combatiente anti trujillista han aceptado con estoicismo una visible cadena de golpeos emanada de instancias estatales.
Hace tres años, conversé con su hija, Miledys Antonia del Rosario De la Cruz González y me dijo cosas que no he querido publicar. Creo que las instituciones que luchan en contra del olvido, deben reivindicar el nombre de Rufino y promoverlo justicieramente como lo que él fue, un hombre al servicio de las mejores causas dominicanas.
Su historial así lo impone y no hay mejor fecha que el 16 de noviembre, día en que hubiese cumplido 95 años de vida.

