Al congelar los precios de los carburantes en una semana en que el barril de petróleo ha bajado 14.70 dólares, el Gobierno no sólo desinfla las expectativas de la población, sino que vuelve a enarbolar el complejo mecanismo que utiliza para calcular las variaciones de precios.
Si la prima del dólar y el promedio de los precios del crudo en los mercados son la referencia para calcular los ajustes en la cotización de los carburantes, es obvio que debieron bajar siquiera algo a partir de esta semana. La tasa de cambio se ha mantenido al 37,89 y el petróleo que el lunes cayó un 0,35 por ciento; el martes, el 2,17, y el miércoles, el 1,62.
Sin alza en el transporte ni ninguna perturbación adicional no era para el Gobierno congelar los de por sí astronómicos y hasta suspicaces precios de los carburantes. Porque los tipos de gasolinas, de gasoil y los derivados están hoy más caros que cuando el crudo se cotizó a 147.5 dólares el barril y la tasa de cambio rondaba el 34 por uno.
El complejo comportamiento de los precios del petróleo no justifica la evidente manipulación de las autoridades con la cotización de sus derivados. Tras una escalada alcista que lo colocó a casi 114 dólares el barril, sólo desde el lunes hasta ayer viernes perdió cerca de dólares.
La muerte el domingo de Osama bin Laden se cita como el factor principal que ha motivado el pronunciado y asombroso descenso. Sin embargo, sería un exceso de miopía soslayar el interés de Estados Unidos de revestir la muerte del líder de Al Qaeda de repercusiones positivas en los mercados.
Pero el caso es que los consumidores esperaban que el espectacular descenso de los precios del petróleo, que cerró a 97,18 dólares el barril, se traduciría en una sustancial reducción de la cotización de los carburantes. No es lo que ha ocurrido y el Ministerio de Industria y Comercio no se dignó siquiera a una explicación. Quizás por lo difícil que le resultaba.
Distintos sectores han planteado la modificación de la Ley de Hidrocarburos a fin de hacer más transparente las variaciones de precios. Pero, por lo que se ha visto, lo que se tiene que eliminar es la manipulación en que incurren las autoridades para ajustar a la medida de sus intereses la cotización de los combustibles.
El objetivo de la referida ley era despolitizar los ajustes de precios, pero esa no sido la práctica, como se advierte en el congelamiento dispuesto a partir de una semana en que el petróleo se desplomó en los mercados y la tasa de cambio se mantuvo sin variación.

