El proceso regulatorio en nuestro país ha tendido a ser reactivo, restrictivo y por lo general ha funcionado de espaldas a las realidades de los negocios que pretende regular y a las necesidades de competidores y consumidores que participan en los mismos. No ha de sorprender, pues, que perennemente la norma se encontrará retrasada en años o décadas con relación a las realidades de los mercados.
Recientemente, con el creciente desarrollo de la economía en línea y muy particularmente por el advenimiento de las empresas FinTech, reguladores de todo el mundo han abordado una forma distinta de no solo elaborar regulación sino de como plantear su rol como regulador desarrollando los “sandbox” regulatorios.
El término “sandbox” originalmente se refiere a las areneras donde juegan los niños, que luego fue adoptado en el desarrollo de software de computadoras para referirse a un entorno de prueba cerrado para experimentar de forma segura con proyectos en desarrollo. Recientemente el concepto se ha extendido al mundo de las regulaciones.
En el 2017 el Reino Unido inició su primera prueba con su sandbox regulatorio para FinTechs con relativo éxito, lo que ha sido copiado por, hasta el momento, unos 20 países. El objetivo de un sandbox regulatorio es proveer un ambiente seguro para probar nuevas ideas de negocio en sectores actualmente regulados, promoviendo la competencia y el ingenio emprendedor al mismo tiempo que se protejan los derechos de los consumidores.
En República Dominicana, muchas empresas que participan en sectores regulados se han volcado hacia el comercio en línea para ofrecer un mejor servicio a sus clientes. Lamentablemente, el marco regulatorio actual representa una traba severa a la capacidad de esas empresas de poder experimentar con nuevos desarrollos tecnológicos que podrían favorecer sus clientes, porque ordinariamente la norma no distingue el servicio ordinario de estas empresas de un ambiente seguro de prueba.
Más aún, el regulador normalmente es agarrado desprevenido y sin mucho entendimiento acerca de estos nuevos desarrollos, y no solo no son capaces de moldear un estándar aceptable que proteja el derecho de los consumidores, sino que les resulta muy difícil hacer una evaluación de riesgos creíble sobre el ente regulado o el mercado en general.
Por supuesto, existen aspectos negativos de los sandbox regulatorios que necesariamente deben ser considerados, como la falsa sensación de legitimidad o seguridad que brindan la participación en estos. Pero ciertamente luce como una forma más viable de sostener la regulación a un paso menos rezagado de la realidad de los mercados.

