Editorial

Sangre derramada

Sangre derramada

La sangre se derrama a raudales en la Franja de Gaza, con centenares de muertos y heridos por los bombardeos de la aviación israelí sobre ese territorio palestino, convertido hoy en una gran cárcel de 360 kilómetros cuadrados que encierra a más de un millón de seres humanos.

Los bombardeos se produjeron después que el primer ministro de Israel, Ehud Olmert, emitió un ultimátum al grupo Hamás, que controla la zona, para que cesen los lanzamientos de misiles desde la frontera con Gaza, hacia objetivos israelíes.

 Aunque el Ejército de Israel afirma que los ataques han sido dirigidos hacia blancos militares, los reportes de prensa indican que la mayoría de las víctimas corresponden a la población civil, incluido niños, mujeres y ancianos.

Durante el largo conflicto palestino-israelí, que incluye dos guerras y varias intifadas, la población de Gaza ha sido la más sufrida, al punto que hoy virtualmente es prisionera de dos carceleros: el grupo extremista Hamás, que ha impuesto un gobierno de facto, e Israel, que ejerce control sobre sus fronteras terrestres, marítimas y espacio aéreo.

Infructuosos han sido los esfuerzos para impulsar acuerdo de paz duradera en Medio Oriente, que incluya proclamar a Palestina y reconocer a Israel como Estados independientes. Cuando más cerca se está de una solución definitiva, grupos delirantes de uno y otro bandos promueven actos de terror para retrotraer el estado de guerra.

Esos bombardeos contra zonas pobladas de Gaza han sido definidos como una acción de represalia desproporcionada por parte del Ejército israelí. La verdad es que por el elevado número de muertos y heridos que han causado, esas incursiones bien podrían calificarse como actos de barbarie.

Se condena con igual vehemencia ataques con misiles convencionales y caseros que  realizan militantes de Hamás contra objetivos civiles en territorio de Israel, pues ningún motivo político o militar justifica tal acción de burdo terrorismo.

La comunidad internacional está en deber de acudir en auxilio del pueblo de Gaza y poner fin a su prolongado sufrimiento que ya se extiende por más de 60 años, desde los tiempos del coloniaje británico, las guerras entre Israel y Egipto y el extremismo del grupo islámico que hoy lo subyuga.

Tanta sangre derramada en los territorios de Gaza obliga a las grandes metrópolis a usar toda su influencia política y económica para impulsar, de una vez y por todas, la anhelada paz en Oriente Próximo, que ha de pasar por la proclamación de Palestina como nación soberana, y el reconocimiento de Israel como Estado independiente.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación