Chiqui Vicioso
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Mami decía que para mi Santiago era el descanso del guerrero. Bastaba recorrer la carretera con tantos hermosos verdes, tantos plantíos de arroz por Bonao, tantos túneles de arboles, para que el alma comenzara a reverdecer y el espíritu a sacudirse el polvo del camino.
Santiago tiene fama de tener la gente más hospitalaria y educada del país. Cuando un santiaguero te invita a comer pone lo mejor en la mesa, la cual engalana con todo tipo de manjares. Es tradición de sus mujeres, en las barriadas populares, salir tempranito en la mañana a barrer sus aceras, por eso compite en limpieza con Bani.
El hombre santiaguero es caballero por naturaleza y porque se lo enseñan desde niño: eres uno de los treinta, y Santiago es de los pocos sitios donde un hombre se para cuando llega una mujer. Eso es Santiago.
A ese Santiago mío y de mi familia, soy biznieta de Genaro Pérez, y nieta de Tomasina Sánchez, pepinera de pura cepa, volví para el Día Internacional del Poeta, invitada por el Colegio de la Salle a la entrega de Premios de Declamación al estudiantado.
Mil setecientos estudiantes de todos los niveles, esperaban ansiosos el turno de los premiados de su clase, desde Primaria hasta Secundaria. Fue emocionante ver a los pequeñines recitar los poemas del mejor autor de poesía infantil de Santiago, poeta provincial apellido Acevedo, a quien le dije que ya podía descansar porque sus versos pasarán de generación en generación. Después siguieron los de Intermedia y Secundaria, con poemas de Pedro Mir, y fue un asombro constatar como esos jovencitos habían memorizado los poemas de Don Pedro, desde Hay un País en el Mundo, hasta Huracán Neruda. Yo, que no sé ni los poemas míos de manera completa, me quedé asombrada.
Cada grupo de niños trajo su club de admiradores y la algarabía fue total, pero lo más admirable fue el orden y disciplina que reinó en ese recinto, donde ningún chiquitín actuó con anarquía, o siquiera se durmió. ¡Es la ética del Colegio, Chiqui! Con los niños se conversa antes de cualquier actividad previo a realizarla y se les concientiza sobre los contenidos y su importancia. Se responden sus preguntas y si ya son mayorcitos se les pide que investiguen y documenten sobre el tema.
La gran sorpresa del día fue que dos jovencitos se aprendieran tres de mis poemas y los recitaran al final (ya ahí no pude contener las lagrimas), y que luego el hermano Pedro me regalara a nombre del Colegio y del estudiantado el más bello de los nacimientos.
Salí con cien años menos, rebosante de ternura, de cariño colectivo. Es que Santiago es Santiago.
