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La inexistencia del centro inidentificable como tal en SDO es preocupante, debido a la falta del carácter híbrido y cálido a la vez de un espacio que convoque el orden y las mejores voluntades. Es fiel representación de las ciudades fundadas en la época colonial. Edificadas siguiendo el modelo renacentista de la trama perpendicular con un centro bien delimitado en el cual convergen las calles principales, manteniendo, aunque sólo sea en una corona central, las trazas de una iniciativa de orden racional.
Volviendo al caso de la periferia sin centro [el hoy SDO surgió como periferia del casco central del DN], encontramos que la planeación urbana ha sido casi inexistente en esta ciudad, en su expansión.
Corredores industriales trajeron consigo barrios obreros que luego engrosaron en enorme ejército de la economía informal. Y con ello, la marginalidad. SDO asumió esa marginalidad, acogiendo a su vez núcleos urbanos de clase media y media alta tan dispersos como carentes de representación.
Las acciones que deberá emprender el Ayuntamiento de SDO para crear una identidad deben ser audaces y originales. Los centros de entretenimiento y diversión marginales son un fenómeno alterno sin vida propia.
El espíritu urbano emana de la actividad cotidiana. A largo plazo, serán vanos los esfuerzos y buenas intenciones de los síndicos de la Capital, SDO, SDN [Norte} y SDE [Este] por crear centros de entretenimiento o cohesión social, obviando los núcleos vitales. El boulevard de la 27 de Febrero fue un rotundo fracaso por ser diseñado al margen de esa realidad. ¿Cómo puedes convocar tradiciones en medio de una avenida de tan alto tránsito, altamente contaminada, que deslinda y segrega una ciudad en dos partes? Dejemos que las costumbres y cultura de un pueblo sean sus arquitectos.
Las ciudades más atractivas convocan pasiones y en torno a esas pasiones, son una invitación a las grandes actividades comerciales. Su consagración constituye un espectáculo. Una atracción, como lo son Manhattan, París. Estas ciudades guardan una armonía y equilibrio urbano que responde a las necesidades primarias del hombre de interactuar, de ser reconocido y apreciado parroquiano en su patria chica. De caminar, disfrutar del paisaje natural y urbano. Tomar un café luego de ir a la Iglesia…. O leer un buen libro en la biblioteca pública.
