El senador haitiano Steven Benoit, dijo que su país ha sido saqueado y que los dominicanos, en complicidad con malos haitianos, han sido los principales beneficiarios del saqueo. Advirtió que, las personas afectadas por el terremoto que destruyó la ciudad de Puerto Príncipe en el año 2010, han sido perjudicadas con la malversación de los fondos de ayuda.
No hace falta precisar la gravedad de esta denuncia, viniendo sobre todo de un congresista de la República de Haití, nación con la que hemos tenido graves diferencias que se han ido disolviendo con el tiempo. Sin ser todos nosotros, los dominicanos, responsables de los hechos que se nos imputan, tenemos que enfrentarnos a la penosa realidad de que han sido cometidos y que, irrefutablemente, provienen de este lado de la isla.
¿Tenemos que aceptar tales acusaciones, callados y cruzados de brazo? Todo parece indicar que tendremos que acatar, además, del pillaje del gobierno del PLD, también sus dolosas y bochornosas incursiones por todo el mundo. Circulan informes sobre otras invasiones financieras y políticas de Bautista, estrecho colaborador del presidente Fernández y fuerte sostenedor de la costosa campaña electoral de Danilo Medina.
El senador Benoit pidió a la Comisión Anticorrupción del Parlamente de Haití cumplir con sus responsabilidades ante el escándalo de contratos multimillonarios concedido, probablemente de manera irregular a empresas dominicanas y haitianas para obras de ingeniería, según informó la Agencia Haitiana de Prensa (AHP). Varias empresas del senador dominicano Félix Bautista han sido favorecidas con obras, de grado a grado, por un valor total de 386 millones de dólares.
Según resaltan que los auditores, tras el análisis los contratos rubricados por el primer ministro del presidente René Preval, Jean-Max Bellerive, vinculado a funcionarios dominicanos, tiene mucho con que los procedimientos de contratación no fueran respetados, como advirtió su sucesor Garry Conille, creando así una comisión investigadora, decisión por la que se vio obligado a renunciar pocos meses después de ocupar el cargo.
El escándalo, con repercusión internacional ha estremecido la frágil estructura del gobierno haitiano, sacando de cuajo a su primer ministro y cuestionando seriamente la autoridad del apurado presidente Michael Martelly, asiduo visitante de su colega Leonel Fernández.
Estamos evidentemente desacreditados como pueblo, en una enojosa situación, en la somos tan sacrificados y victimados como el propio pueblo haitiano, cuya ayuda internacional se verá entorpecida por este escándalo.
Tremenda vaina nos han echado. Esto nos coloca en la incómoda posición de tener que aclarar que de manera alguna, los contribuyentes, votantes o simples ciudadanos dominicanos nos sentimos representados ni somos parte de esos negocios, de los cuales, se dice, son dolosos, involucrando en primer lugar a un senador de la República. Quienes deben asumir su responsabilidad deben tener, por lo menos, el valor de resarcir el daño a los dos pueblos, ambos estafados de una manera u otra.

