Motivar la resolución dictada es deber inexcusable de todo órgano jurisdiccional. Cuando se omiten las razones que la sustentan, o cuando las que se ofrecen son insuficientes o no se corresponden con las alegaciones de las partes, ese derecho inmanente del debido proceso es vulnerado.
No se trata, pues, de yuxtaponer razonamientos abstractos ni de enunciar disposiciones legales con criterio deportivo. Es cuestión de fundamentar en hechos y en Derecho la parte dispositiva, de evidenciar que se han tomado en cuenta las exposiciones de las partes y, más todavía, que las pruebas aportadas han sido debidamente valoradas.
Duele reconocerlo, pero la Segunda Sala de la SCJ sigue dictando decisiones carentes de soporte fáctico y jurídico. Con la firma de los magistrados Fran Soto, Esther Agelán y Moscoso Segarra, acaba de despacharse con una resolución que adolece de incoherencia narrativa, y peor aún, de absoluta incongruencia activa y omisiva.
A propósito de un fallo de la Segunda Sala, el Tribunal Constitucional, en su sentencia TC/0009/13, le explicó que “…la motivación debe ser expresa, clara, completa, legítima y lógica. Todo esto aún cuando se trate meramente de la declaración de inadmisibilidad de un recurso”. Y es claro, ya que la fundamentación se configura como criterio diferenciador entre la racionalidad y la arbitrariedad.
Andrés Perfecto Ibañez, juez del Supremo de España, enseña que “el deber de motivar dota a las resoluciones judiciales de una calidad epistémica, y esto es lo que hace de él un dispositivo de garantía”. Por tanto, el tribunal que no acierte a precisar los hechos y elementos probatorios sobre cuya base decide, se deslegitima.
A su vez, la resolución intervenida en esas circunstancias pecaría de arbitraria y entrañaría ostensiblemente la violación al derecho de defensa y a la tutela judicial efectiva, lo que a juicio de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (caso Apitz Barbera y otros vs Venezuela, 5 de agosto del 2008), “conlleva inexorablemente su nulidad”. Ojalá que Soto, Agelán y Moscoso no vuelvan a olvidarlo.
por: Julio Cury
juliocury@jottincury.com

