El gusto por la lectura de libros físicos está en un trance. La lectura como gusto individual en el cual una persona entra en contacto con un libro físico y se permite el lujo de recorrer conocimientos, conceptos, ficciones y aventuras, parecería amenazado por la cultura cada vez más digital.
¿La pantalla del computador sustituirá al libro? Este fue el tema de la conferencia magistral que abordó el escritor y poeta Basilio Belliard al exponer en la Fundación Corripio.
Redactada con gracia y apuntes precisos, la intervención de Belliard se disfrutó en toda su importancia.
En vista de la importancia del tema, hoy nos permitimos llevar un resumen de la misma:
Los libros nacieron para quedarse en la memoria de los lectores: sirven para fijar la eternidad de las palabras. Como depositarios del saber y la cultura escrita, los libros nos permiten ver y viajar.
De ahí que leer sea viajar, un acto de viaje inmóvil, en una aventura de la imaginación y la fantasía, elementos que nos permiten recrear y reactualizar lo vivido.
Esa experiencia social de la lectura apunta hacia una transformación que va del acto de leer, -que enriquece la conciencia individual-, a un acto íntimo, a una acción pública, de una experiencia de soledad a una experiencia de comunión.
Pienso que la Internet tiene un largo futuro, pero no una eternidad. Los amantes del libro de papel (como yo), que nos gusta oler los libros para captar su olor, palparlo para percibir su textura y colocarlo en las estanterías de nuestras bibliotecas personales o públicas o en la librerías, se nos hace cuesta arriba imaginar un mundo sin libros o, como imaginó Borges, el mundo como una gran biblioteca, a pesar de su ceguera.
Los verdaderos estudiosos seguirán leyendo libros, sirviéndose de la Internet para completar datos, para las bibliografías y la información que anteriormente encontraban en los diccionarios; pero dudo que se enamoren de la red, vuelve a reiterar Sartori su defensa del libro impreso.
Las posibilidades de la Internet son infinitas y aún falta mucho por ver de su progreso técnico, pero también tendrá sus límites y sus enemigos silenciosos. Muy pronto seremos analfabetos visuales los abanderados del libro tradicional, pero cultos en memoria escrita y en lecturas verbales.
El texto hoy día se ha convertido en hipertexto, en el que la comunidad de lectores de la letra impresa se ha transformado en un espacio discursivo más abierto y polivalente.
Las profecías del fin del libro acusan un carácter gradual y discontinuo, pues será un proceso en donde las revistas, los periódicos y las enciclopedias presentan más condiciones y características para su transformación en medios digitales, por razones económicas.
Los diccionarios y las enciclopedias impresas disminuirán sus niveles de impresión y circulación y podrán usar ambos métodos.
Probablemente algunos seguirán confiando en el soporte impreso, otros dividirán su periplo entre el medio impreso y el digital y otros emigrarán definitivamente, ocupando su lugar junto a una variedad de nuevos géneros digitales, dice Geoffrey Nunberg, en la Introducción al texto El futuro del libro.

