Seis años después de haber reasumido el mando, el balance de la gestión peledeísta sigue siendo deficitario.
Por encima de la estabilidad macroeconómica, aquí prevalece una pobreza espantosa.
Los infelices tienen úlceras en sus estómagos, los hospitales públicos son dolorosamente ineficientes, y la tasa de desempleo es todavía superior al 16%, que fue la que encontraron en agosto del 2004.
No hace mucho que Danilo Medina recordó que la inserción del término liberación en el nombre del partido morado obedecía al interés de Juan Bosch de liberar a los pobres de la marginalidad, del abandono, de la desnutrición y de las pésimas condiciones en que recibían los servicios públicos.
Sin embargo, durante los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, organización que llegó a ser vista como una esperanza de redención moral y política, nada de eso se ha logrado.
El modelo de inversión pública adoptado, no responde a las prioridades nacionales y, peor todavía, ha sido incapaz de estrechar las desigualdades económicas y sociales.
Disponemos de un moderno pero ineficaz sistema de metro con una inversión en educación por debajo del 4% del Producto Interno Bruto.
El jefe de Estado alega cada año que no es posible asignarle las partidas presupuestarias que prevé la ley por los compromisos financieros de la deuda, pero su gobierno insiste en incrementar el endeudamiento público y, peor todavía, no disminuye sus gastos corrientes ni termina de adoptar un plan de austeridad.
En fin, vamos mal y podríamos empeorar si el próximo año se les ocurre volver a girar, como lo hicieron en el año 2008 y en este año, contra la cuenta sin fondos generadora del déficit fiscal que se ha financiado con empréstitos.

