El Partido Revolucionario Dominicano fue la organización política más democrática del país, pero ha retrocedido ideológica e institucionalmente y hoy sus características principales son el conservadurismo y el rendimiento de culto a la persona, en este caso al señor Miguel Vargas Maldonado.
Observo un gran contraste en el lema avanzar en el 2010 para ganar en el 2012. No se puede avanzar ni ganar restando. Y se resta con la persecución que sufren los dirigentes del PRD que han disentido, en algún momento, de Miguel Vargas, el cual exhibe un carácter de intolerancia total.
Esa intolerancia no sólo se manifiesta en no dejar pasar un solo aspirante a puestos directivos partidarios y a candidaturas a posiciones legislativas y municipales, que no haya expresado lealtad al faraón, sino en no escuchar a nadie.
Hace algún tiempo, el doctor José Rodríguez Soldevila, quien fue_ministro de Salud de los gobiernos de Antonio Guzmán y de Hipólito Mejía, me expresó que intentó hablar con Miguel Vargas y no pudo. El ex_candidato presidencial contestó (con su grueso metal de voz): ¡Ah sí, haz una cita con mi secretaria!, girando inmediatamente la cabeza hacia otro lugar, en gesto de poco respeto.
En el caso del licenciado Rafael Calderón, diputado y uno de los mejores técnicos con que cuenta el país, se comete otro irrespeto. Conversé recientemente con Calderón, y me dijo: Cruz Pichardo yo lo único que pedía es que me dejen participar en la convención, pero este hombre (refiriéndose a Miguel Vargas) no escucha a nadie.
Ahora Calderón, que no es masoquista y muestra dignidad, es candidato a senador del PLD por la provincia de Azua. Aunque no han faltado quienes reprochen su conducta, el suscrito aprueba a personas con criterios propios y rechaza a los incondicionales, a los que se arrodillan ante un hombre y le dicen: ¡Sí señor!
