LEIBI NG
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Vianco Martínez es un periodista, pero uno que abarca todas las facetas de esa carrera y aterriza en la literatura sin darse cuenta. Tiene el alma sensible, los ojos soñadores por escudriñar verdades y las palabras (escritas y habladas) le revolotean como mariposas hacia las flores de otras almas. Quienes son como él, se elevan hacia las cumbres y transportan a otros con ellos.
Hay que aclarar que Vianco ha subido y bajado esas cumbres desde hace unos 22 años. Él no llevaba cuenta, pero los lugareños sí.
Todo tiene un origen, ese en que Vianco llegó al punto por primera vez y se le encogió el corazón. Fue cuando hizo unos reportajes que hacían brotar lágrimas de tristeza e impotencia.
En un lugar de la Cordillera Central dominicana, a 1,500 metros sobre el nivel del mar, está El Gramazo donde hasta el 2024 no había energía eléctrica ni escuela digna ni iglesia ni colmado.
Vianco, más que un reportero en la montaña ha visto crecer a una generación de niños y consta que lo tratan como a un miembro de la familia. Comprendió que se necesitaba una escuela digna y en alguno de esos viajes empezó a llevar libros para los pequeños. Pues su sueño se le cumplió. Lo comprobamos con nuestra propia visita.
Para llegar al lugar hay que cruzar varios ríos (faltan puentes), por carreteras rudimentarias que son erosionadas constantemente por las frecuentes lluvias y el trajín de los vehículos. Para dar ejemplo de esto, mientras se construía la escuela, las empresas contratadas por el Ministerio de Educación para llevar los materiales renunciaban después de algunos viajes por el deterioro que sufrían sus vehículos.
Al final, tuvieron que comprar un camión para terminar el proyecto. Resaltamos el punto porque para llegar allí, el vehículo de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña se averió en la subida y tuvo que ser remolcado en la bajada, con la correspondiente angustia de sus ocupantes. Por suerte íbamos en caravana y se manifestó el compañerismo y a los citadinos les hace falta un poco de aventura, ¡para qué lo vamos a negar!
En febrero de este 2026, se inauguró un sistema de energía con paneles solares gracias a la Presidencia de la República, pues Luis Abinader, se comprometió personalmente. El Gramazo no cuenta con un censo, pero los paneles solares proporcionan energía a unas 300 personas distribuidas por el caserío.
Con esta primera siembra de libros, llegamos el viernes 27 de marzo en la mañana y fuimos recibidos por el alcalde del distrito municipal Las Lagunas (al que pertenece El Gramazo), Wilkin Abréu.
Él donó de manera simbólica, una obra de literatura para la siembra del día. También estaba el maestro Kelvin Féliz, director del centro educativo Vicente Cruz Victoriano, casi un héroe (por Vianco supimos que algunos profesores duermen en el suelo). Tuvimos que recordar las letras de «Gente humilde», esa canción de Chico Buarque y Vinicius de Moraes: «Yo que no creo, ruego a Dios por esta gente, que es gente humilde ¡ay qué ganas de llorar!».
Sin embargo, todo estaba iluminado, y nos envolvía un silencio de cordillera. Inmersos en el cielo cercano y azul, las montañas en coro dándonos ánimo y una brisa fresca haciendo ondear la bandera tricolor. El resplandor no venía del sol, sino de más de cien rostros de niños y niñas de ojos grandes y esperanzados. La infancia: el objeto de nuestro viaje.
Los que visitamos El Gramazo para conocer personalmente lo que ya habíamos vivido a través de las palabras de Vianco Martínez fuimos: Marianela Medrano, Yokaira López-Tifá, Isabel Espinal (quienes vinieron de Estados Unidos); Gustavo Olivo, Leibi Ng (en representación del director de la BNPHU, escritor Rafael Peralta Romero); César de la Cruz, Lillian Fondeur, Tamara Valdez, Pascual Medrano, Avelino Stanley, Reina Rosario, Evelyn Miranda y por supuesto, Vianco Martínez, el promotor de El Gramazo.
Todos, entre cuentacuentos, títeres, exaltaciones, talleres, charlas y plantas, sembramos un pedacito de corazón en El Gramazo. Queremos que florezca a todo lo ancho y alto de las Cordilleras.
La autora es escritora.

