Dada la saña con que se comete la violencia contra la mujer, y en el entendido de que se produce dentro de relaciones de mucha cercanía, lo que le facilita reiterar y planificar los hechos, el régimen de consecuencia debería ser más extendido y con mayor severidad no solo castigando con mayor peso los feminicidios, sino que, como una extensión de los derechos humanos de las víctimas, el tiempo de hacer justicia no perima, pues tampoco perime el dolor por las ausencias de esas mujeres, este sigue por encima del tiempo.
Son muchos los ejemplos que preceden al planteamiento anterior. En el pasado mes de octubre los mejicanos conmemoraron 50 años de la matanza de estudiantes universitarios en Tlatelolco, México, mientras protestaban y exigían reivindicaciones sociales y estudiantiles, pero en cambio recibieron una respuesta salvaje, y allí murieron cientos de estudiantes.
Hoy, a tantos años de este hecho (1968) México se aprestan a solicitar reapertura de investigaciones, y castigo de los responsables de la masacre que aún quedan vivos.
Un ejemplo relacionado a violencia de género es el caso, en los Estados Unidos, de la confirmación del juez Brette Cavanugh, y la denuncia, para impedir tal confirmación, de la señora Christine Blasey Ford, quien le acusaba de un hecho ocurrido una tres décadas atrás, y que consistía en un ataque sexual e intento de violación al término de un encuentro festivo cuando ambos eran muy jóvenes. La sociedad estadounidense estuvo en suspenso durante el conocimiento del caso, considerado sin precedente pues atrapo. La audiencia nacional e internacional.
Quienes dieron seguimiento a este caso, en casi todas las narrativas, presenciaron un testimonio, el de ella, conmovedor, convincente y sin pretensiones de esconder nada. Hasta el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump se conmovió con lo narrado por esta señora.
El testimonio del juez, en cambio, aunque negándolo todo, como era de esperarse, no pudo ocultar su nerviosismo e irritabilidad con las preguntas del jurado, pero al final, logró su objetivo de ser confirmado.
¿Qué salvó a este juez? Por un lado el caso se politizó y fue visible el pugilato entre republicanos y demócratas, y vencieron los republicanos, y salvaron a Cavanugh. Otro asunto en contra de la señora Christine fue que, por vergüenza, nunca denunció el caso, y este, por tanto, no constaba en archivo como evidencia de lo sucedido.
