Opinión

Siguiendo la ficción

Siguiendo la ficción

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Su vida era la misma de otras damas de la alta sociedad, cuyos enigmas la convierten en leyenda. Algunas veces negras y otras tantas como perlas. Leyendas al fin,  plagadas de fábulas. Que amara a Manuel como lo amó, la libera de toda culpa. Agustín la bendice con su santa gracia.

Era una mujer abrumada por la soledad. Pero describirla como un monstruo, una excluida, sin familia, odiada por sus hijos, es una infamia. Vi y saludé un par de veces a sus hijos y nietos.  Se notaba, eso sí, apática, algo ajena a todo lo que le rodeaba. Posiblemente estaba atrapada en sus glorias. ¿Quién no anda con sus mejores recuerdos a cuesta, como si su felicidad estuviera garantizada en las memorias de esos años?

Su vida pudo estar llena de desaciertos, pero el mayor fue haber escogido a este peruano traidor, mentiroso y fantasioso  para confiarle su vida, si es que lo hizo. Invitarlo a la mesa y traerlo a nuestro país, para que luego nos sacara la lengua a coro con su compatriota Mario Vargas Llosa, escritor insufrible cuyos   libros prefiero tener fuera de mi alcance, a no ser que tenga la necesidad de combatir el insomnio.

Estos dos bardos, uno, un incurable beodo y el otro más aburrido que un ganso, no se cansan de burlarse de  los dominicanos, confundiendo nuestra sencillez y hospitalidad con ignorancia y apocamiento. Cuenta este Roncagliolo en ese adefesio,  Memorias de una Dama, que su compatriota  Vargas Llosa le recomendó encarecidamente no hablar de la República Dominicana en el libro y convertir a Diana Minetti en cubana si quería que se vendiera o conseguir un buen editor. Dizque el nuestro es un país sin importancia, insinuando con un gran irrespeto un desprecio que tal vez nos hemos ganado por el trato dispensado al autor de esa mala novela llamada La fiesta del Chivo. ¿Por qué no se fue a Cuba a escribir una ficción sobre Batista? Aquí vino a beber, a comer y chismear. Ni se empeñó por visitar la ciudad histórica.

De insultos al país y a varias familias,  rellenos inútiles,  lugares comunes, formas trilladas y una megalomanía pesada, está cargado este libro. Alfaguara hace muy bien en no traerlo. Esa editora, que goza de tanto prestigio y seguidores en este mercado, le debe más bien un desagravio  por haber publicado esa basura que este oportunista llama Memoria de una Dama.

El Nacional

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