La Junta Central Electoral (JCE) otorga un espaldarazo a la democracia política y a la transparencia en los procesos electorales al aprobar un nuevo reglamento que regula las filiaciones sin consentimiento y doble registro de ciudadanos en los padrones de los partidos políticos depositados ante ese organismo.
Por años los padrones partidarios se han convertido en una especie de mercado de pulgas, donde es común que un votante se inscriba o lo afilien en varios partidos al mismo tiempo, al punto que la sumatoria de adeptos a franquicias partidarias llegaría hasta a duplicar el total del registro de votantes en la JCE.
En virtud de ese reglamento, los partidos, agrupaciones o movimientos políticos no podrán inscribir afiliados sin su previo consentimiento, como tampoco será posible que el nombre de una persona figure en dos o más listas de miembros de organizaciones partidarias.
Otro aspecto positivo de ese estatuto refiere que el plazo anual establecido para la entrega de los requisitos de afiliados será el 1 de agosto o la siguiente fecha hábil, con lo cual cada partido reflejará el nivel real de su membresía, sin uso de anabólicos para producir musculatura artificial.
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Aunque los partidos tendrán la potestad de decir el procedimiento de registro de sus afiliados, a través de plataformas digitales, tienen la obligación de notificarlo por escrito a la JCE o utilizar la plataforma digital desarrollada por el órgano electoral.
Cabe señalar que en lo adelante ningún partido podrá recolectar nombres de personas fallecidas o aun no nacidas, porque en el nuevo reglamento se establece como requisito de afiliación a una entidad partidista que el ciudadano esté inscrito en el padrón electoral.
Se ha dicho también que el propio órgano electoral tendría facultad para excluir afiliados con doble militancia, que no estén inscritos en el padrón electoral o que invoquen ante la JCE que no han concedido autorización para la inscripción.
Esta vez, el liderazgo partidario tendrá que exhibir un comportamiento responsable, prístino, transparente frente al electorado y la sociedad en general, para lo cual deberá arroparse hasta donde le alcance la sábana, sin empleo de triquiñuelas para abultar los estómagos de partidos políticos.

