No deja de alentar, pero en modo alguno como para satisfacer ciertas dudas, la aclaración del embajador de Venezuela en el sentido de que las relaciones con el Gobierno dominicano son armoniosas y el reconocimiento a las autoridades por las atenciones médicas a sus compatriotas contagiados por el cólera durante una boda en una residencia de Casa de Campo, La Romana.
Algunos creen que el presidente Hugo Chávez dio a los contagios una dimensión que no tienen. Y más después que el ministro de Salud Pública, Bautista Rojas Gómez, tuvo la prudencia, para evitar alarmas innecesarias, de comunicar tanto a las autoridades venezolanas como a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) los casos de cólera detectados tras la celebración.
Mejor es no ponerse a especular sobre el celo del gobernante venezolano en casos que se podían tratar por vías más diplomáticas, sin tener que encubrirlos. Los contagios pudieron ser abordados, por ejemplo, entre los ministerios de Salud Pública de Venezuela y República Dominicana e incluso tomar medidas conjuntas.
El Gobierno de Venezuela sabe, porque es una norma, que sobre la base de síntomas no se podía confirmar, sin las pruebas de laboratorios, que los venezolanos y otros participantes en la boda en cuestión, incluyendo dominicanos, se habían contagio con el cólera. Al adelantarse con la información inflige un daño innecesario a una nación amiga.
Pero, como garantizó el embajador Alfredo Muga Riva, consuela que el incidente no sea parte de ningún malestar ni afectará lo que definió como armoniosas y estables relaciones entre los dos países.
Puede decirse que al margen de los estragos causados en Haití, donde ha cobrado más de cuatro mil vidas, la epidemia en esta parte de la isla está bastante controlada. A la fecha sólo se ha registrado una muerte a causa de la enfermedad, que fue precisamente la de un haitiano procedente de su país.
La comunidad internacional puede estar tranquila. La OPS y demás entidades foráneas son testigos de que no ha habido encubrimiento para evitar afectar a algún sector y de que las autoridades sanitarias han estado encima de la epidemia, con todos los recursos necesarios, para minimizar sus efectos. Lo más que se podía hacer es por suerte lo que se ha hecho.
Es justo reconocerlo.

