La sociedad dominicana necesita ampliar sus márgenes de solidaridad. No el de la convivencia que se expresa por figureo o para aprovecharla social y políticamente. Se requiere ser sensible a los graves problemas sociales.
No puede haber solidaridad si se voltea la cara ante el gran drama de los cientos de miles de marginados nacionales. Nadie puede ocultar que hay dominicanos excluidos que no tienen segura su alimentación ni la cobertura de salud para sus enfermedades.
Es un mal ancestral, que se reproduce día a día. La lucha contra esa marginalidad asfixiante no puede partir de levantarla como banderola de lucha partidista para después someterla al abandono.
La solidaridad tiene que ser un trabajo de a diario, donde los que más tienen vayan en auxilio de los desamparados. La carga más pesada la tiene que soportar el gobierno, pero el empresariado debe también aportar su cuota solidaria.
Los programas sociales de beneficencia deben estar focalizados en áreas donde en verdad son necesarios, y es urgente que se lleve a cabo esa política de protección. Acciones despojadas del partidismo ciego, de solo favorecer a los seguidores, deben ser abandonadas.
Hay también que pensar en una política masiva de creación de empleos. Obligatoriamente para desarrollar un programa de nuevos empleos tiene que darse la confluencia de empresarios y gobierno.
Salvo el tren burocrático de las oficinas públicas, el gobierno no puede emplear a todos, por lo que debe levantarse como un buen supervisor de una política de pleno empleo que podría generar el sector privado.
Hay que pensar en fortalecer una línea de dar prioridad al primer empleo, donde se integre a los jóvenes recién graduados, sea a nivel técnico o profesional. También debe haber cobertura para el chiripero, que no tiene calificaciones académicas o escolares.
El más desamparado de todos es ese dominicano que es analfabeto, o apenas sabe leer y escribir. Tiene todas las puertas cerradas, pero se necesita que se abra brechas a la esperanza. Hasta ellos debe llegar la oportunidad de ganarse la vida honradamente, en lo que está a su alcance e instrucción.
Los programas de ayuda social del gobierno se deben mantener, para llevar el pan a los excluidos, a los que pasan hambre y necesidades. Es una masa que tiene importancia el día de las votaciones, para luego ser olvidadas.
Solidaridad para con todos los dominicanos que necesitan ayuda, pero en especial para lo más necesitados, ese es el mejor camino para mantener la paz social.
Por: Manuel Hernández Villeta

