La destitución de Josefina Pimentel como ministra de Educación se veía venir. Los tantos problemas que había tenido en la construcción de aulas, con los maestros y hasta con la ejecución presupuestaria, no presagiaban otro desenlace. Sin embargo, no ha dejado de causar sorpresa que su sustituto fuera un activista político militante y no un técnico más ligado a la problemática educativa.
La designación en el cargo de Carlos Amarante Baret aleja las esperanzas de despolitización del sistema educativo, que es uno de los factores fundamentales para fortalecer la enseñanza.
Sobra recordar que la educación ha estado muy lejos de jugar el papel que le corresponde en favor del desarrollo de la nación.
Amarante Baret tendrá que despejar las interrogantes generadas por su designación con acciones que evidencien su determinación de privilegiar la enseñanza de calidad por encima de otros intereses. Los demás cambios introducidos por el presidente Danilo Medina pueden ser rutinarios.
