El sorpresivo acuerdo político suscrito entre el presidente Fernández y el ingeniero Miguel Vargas Maldonado, tiene varias lecturas, independientes de lo consignado donde como punto principal se destaca, a nuestro juicio, la no reelección presidencial consecutiva.
Una de ellas se refiere a la paz social, frecuentemente puesta en peligro por las protestas populares, motorizadas por comunidades irritadas por el mal estado de los servicios y obras.
En lo adelante, el acuerdo serviría como una especie de colchón, que atenuaría sustancialmente la irritabilidad de quienes reclaman del Gobierno numerosas obras.
Otro punto es el que tiene que ver con la extensión que durará el período de senadores, diputados, síndicos y regidores, que en lo adelante será de seis años. Sin dudas esto creará un maremágnum dentro de los partidos, donde crecerán las aspiraciones para ocupar esos cargos, dado los múltiples beneficios que generan.
Pero, además, el acuerdo reduce el espacio del Partido Reformista (PRSC), que debido al deterioro desde la muerte de Joaquín Balaguer, lo poco que queda de dicha organización tendrá que formalizar alguna alianza con el PRD o al PLD.
En la práctica, el PRSC es un aliado de Leonel Fernández, que incluso le ha prometido diputaciones y grandes cargos siempre que apoyen algunos puntos de la nueva Constitución que se debate en la Asamblea Revisora. En el caso de las diputaciones y senadurías ofertadas, ¿no perjudicaría esto a los seguidores de Danilo Medina, quien de ese modo sufriría una nueva merma?
En ese sentido, se fortalecería un bipartidismo parecido al de Estados Unidos o Colombia, para poner dos ejemplos. Los dos grandes partidos dominicanos, el PRD y el PLD no están radicalizados y se manejan muy bien con Estados Unidos, de manera que a ese país le agradaría un bipardismo fortalecido.
Leonel Fernández y Vargas Maldonado han hecho una jugada maestra, al ser objeto de la mayor atención pública, con lo cual se desvía transitoriamente la atención de múltiples problemas que todavía falta por resolver.
Comienza a especularse que estos dos líderes de la política criolla tendrían un acuerdo no escrito para alternarse en el Poder, quizás olvidándose de que, como en las Olimpíadas, el campeón de hoy no es el mismo de las próximas.
Una pregunta que surge también es qué sucederá ahora a lo interno del PRD, algunos de cuyos dirigentes critican a Miguel Vargas por haber actuado al margen del Partido, pues no informó a su Comisión Política. Naturalmente, esos dirigentes aspiran a la Presidencia de la República y parecen respirar por la herida. Y aunque el ex presidente Mejía apoya el acuerdo y se dice que aspira a volver a postularse al tener ahora vía libre, todavía no está claro de que pueda conquistar la base social que tiene Vargas Maldonado.
Sin embargo, en política hay muchas sorpresas, por lo que solo resta esperar.

