Nos preguntaba en estos días en la ciudad de Santiago una joven estudiante universitaria, que cuál es la razón de que en República Dominicana nuestros niños no ocupen un lugar preponderante en el arte en general como sucede en otros países.
Es una tradición de varias décadas la existencia de los niños cantores de Viena (Austria) las voces que acompañan la lotería en España todos los años le permite la participación de los mismos en un evento que ocupa la atención de la península y mas allá. En los concursos ingleses norteamericanos vasta lograr conectar con ellos y darnos cuenta de esta calidad de voces afinadas y que expresan una ternura que nos llega fácilmente a todos.
¿Y es que acaso todos ellos tienen más capacidad que los nuestros? Lo que si es cierto es que su formación, su nivel educativo esta del cielo a la tierra con respecto al nuestro. Para poder regatear un 4% que no alcanza para nada, se ha tenido que librar batallas a traves de la prensa marcha, televisiones y sensibilizar a toda una población. Recordemos las respuestas que anteriores y actuales de tentadores del poder decían. Gobiernos de diferentes creencias e idiomas nos van lejos en aplicarlo y muchísimo mas que eso. Sino hay academia de música, como lo había tímidamente ayer, entonces no esperemos que los olmos paran peras. Basta con recorrer nuestras iglesias católicas, bautistas (la gente del góspel), evangélicas, etc. Visitar los pocos clubes culturales que existen en el país, las escuelas, los colegios para darnos cuenta de que hay talentos. Pero talentos huérfanos de apoyo, nuestros ministerios de cultura son creados hoy en día para hacer brillar a sus ministros como manejadores de gran nivel de nuestra lengua y conocedores de la literatura universal que esta a su alcance.
Es que la lucha en el mismo no es para diletantes, es para obreros del arte en este hermoso camino que represente y enseñe lo poco o mucho que somos, el equipaje de un ministro no es necesariamente las obras que haya leído ni las que haya escrito, ese equipaje tiene que estar lleno de trabajo.

