El párroco de Dajabón, Regino Martínez, ha revelado que los más de 500 indocumentados haitianos que alojó en su parroquia, repatriados luego por autoridades de Migración, retornaron clandestinamente después de pagar entre mil 500 y dos mil 500 pesos a grupos que operan en la frontera Norte.
Aunque en una primera oportunidad, esos centenares de haitianos lograron burlar controles fronterizos y ocupar con su anuencia la iglesia para reclamar residencia en territorio nacional, el padre Regino dijo a El Caribe que no se explica cómo lograron cruzar los puestos de chequeos militares.
La grave denuncia del polémico sacerdote -hecha a tono más de burla que de preocupación- coloca a las autoridades en la difícil situación de explicar cómo fue que centenares de indocumentados cruzaron de un momento a otro la frontera en sus propias narices de custodias civiles y militares.
Martínez dijo que los 500 indocumentados fueron transportados desde la frontera hacia otros puntos del país, lo que indica que también han sido burlados puestos de chequeos en carreteras y en propios destacamentos militares y policiales.
El escándalo suscitado a principio de mes por masivo ingreso ilegal de haitianos por la frontera con Dajabón, a los que el padre Regino alojó en su parroquia, ha devenido en burda comedia, pues esa masa de indocumentados repatriados por las autoridades, retornó casi de inmediato por la vía expresa que al parecer ofertan grupos mafiosos.
El jefe de la Cuarta Brigada del Ejército en la zona Noroeste, general Rubén Darío Paulino, ha dado seguridades de que la vigilancia militar ha sido redoblada en la frontera Norte, pero el padre Regino afirma que 500 indocumentados repatriados desde su parroquia retornaron en lo que dicen berenjena.
Tan dramática se torna la situación por el exceso de indocumentados que el mercado binacional que opera dos veces a la semana en Dajabón, prácticamente ha sido trasladado al centro del municipio, convertido en centro de distribución de mano de obra haitiana hacia toda la geografía dominicana.
El padre Regino tiene sobrados motivos para el regocijo, porque su malograda empresa humanística de ingresar en su parroquia a más de 500 indocumentados para obligar a las autoridades a concederles residencia forzosa, finalmente tuvo sus frutos, aunque esos infelices tuvieron que pagar en conjunto a grupos mafiosos más de un millón de pesos para conseguir el sueño dominicano.

