Luego del éxito en la implementación de la moneda común en Europa, a finales de la década de los 90 y principios de la pasada, muchas voces entusiastas se alzaron para acelerar los procesos de integración regional en lugares como África, Suramérica y Centroamérica con la esperanza de lograr los mismos beneficios. La reciente crisis de deuda soberana y la incapacidad mostrada por el Banco Central Europeo y el liderazgo político de la región para enfrentarla, han puesto un freno a esas aspiraciones en regiones que son notoriamente menos estables que el Viejo Continente.
El Euro hizo soñar a Latinoamérica con mercados comunes más dinámicos, menores tasas de interés en sus deudas soberanas y la casi total erradicación de los riesgos cambiarios, la integración regional era igualada a bienestar, y en ese objetivo se enmarcaron varios esfuerzos tanto en Centroamérica como en Mercosur. La actual crisis, sin embargo, ha traído lecciones importantes que implican un aparatoso aterrizaje a la realidad.
Por el momento el Euro no ha sufrido un total colapso gracias a la columna vertebral que representan las economías de Francia y Alemania. La presencia de ambas y su interés marcado en el éxito de la moneda común han servido de garantía implícita a los mercados de que aún en el peor de los escenarios con Grecia, Irlanda, Portugal y España flaqueando o directamente cayendo, este puede prevalecer. Latinoamérica, en similar situación, no correría la misma suerte.
Las tres principales economías de la región son México, Brasil y Argentina. México, la más grande, ha probado ser muy frágil, volátil y dependiente de los movimientos en la economía americana. Argentina es peor que Grecia, aún siendo favorecida por los precios altos en las materias primas, esta aún no ha vuelto a los mercados y podrían tardar décadas para que los inversionistas confíen en ella al mantenerse en estado de default y sin ánimo de pagar parte significativa de su deuda a lo largo de ya 10 años. Brasil, aunque en franco crecimiento, está expuesto a niveles inaceptables de inflación.
Las economías más fuertes y pudiera decirse estables de Latinoamérica, apenas pueden sostenerse a si mismas e ir hacia delante, no sin algunos tropiezos en el medio del camino. Su capacidad de sostener los probables deslices de alguno de sus vecinos en el escenario de una integración monetaria regional es, en el mejor de los casos, cuestionable.
Pero si bien hoy las monedas se notan cada vez más frágiles, algo todavía no ha ocurrido en esta crisis, contrario a similares en tiempos anteriores: es el desmembramiento a la libertad del comercio que fue de pilar al crecimiento global las últimas dos décadas, y que, hoy por hoy, motoriza el desarrollo de las economías emergentes, incluida la nuestra.
Si bien los sueños de una integración monetaria probablemente deban quedar en suspenso durante algunas décadas, hay todavía mucho espacio en materia comercial por recorrer que puede ser explotado para nuestro beneficio.
